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La madre de su novia
Enviado por Anonimo en 12 Abr, 2006 - 11:16
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Con el paso del tiempo, de los años, mis relaciones sexuales han mejorado de forma importante. Asi, de ser un chico algo timido y con experiencias solo satisfactorias en el plano fisico, he pasado a conseguir plenas actuaciones que nos dejan satisfechos en lo fisico y en lo emocional tanto a mi pareja como a mi mismo.
Con el paso del tiempo, de los años, mis relaciones sexuales han mejorado de forma importante. Asi, de ser un chico algo timido y con experiencias solo satisfactorias en el plano fisico, he pasado a conseguir plenas actuaciones que nos dejan satisfechos en lo fisico y en lo emocional tanto a mi pareja como a mi mismo.
Mi pareja. No tenia, hasta hace poco, pareja estable. Asi pues, todas las experiencias han sido con amigas, compañeras del trabajo o encuentros ocasionales (los menos). Desde Navidades, hace ahora poco mas de seis meses, estoy con una chica que roza los veinte, nueve años menor que yo.
Nuestra relacion esta basada en el sexo: los dos lo sabemos, lo aceptamos y procuramos no dar tiempo a pensar en ello. Yo, para ella, soy un romance del que presumir frente a sus amigas y un amante que le hace alcanzar la mañana entre gritos y arcos de placer. Lo mas importante es, segun ella, que alcanza plenos orgasmos y abandona mi casa sin notar la falta de sueño tras largas noches de sexo y descargas.
Con la llegada del buen tiempo nuestra actividad ha crecido. La penetro en casi cualquier lugar, me masturba si tiene cinco minutos. Rozamos la locura.
Esta tarde de sabado, habiamos quedado en que iria a buscarla. Al salir de mi casa, en encuentro casual, he tenido un intercambio de miradas y palabras con mi vecina de rellano, una mujer de mi edad. Nos hemos encontrado en la escalera, yo bajando y ella subiendo; no es la primera vez que ocurre. Sus gafas de sol empujan el cuello del polo hacia abajo y permiten que con cada leve inclinacion pueda entrever el encaje de su sujetador. No nos hemos apartado y en los escalones hemos coincidido. Durante un instante paramos clavandonos los ojos, interrogandonos con la mirada; con un dedo le acaricio el brazo, el pezon por encima de la ropa, su pubis busca el mio sin encontrarlo. Se retrae con un guiño imperceptible. Burlonamente, me sonrie inclinando la cabeza, meciendo su largo pelo, con un gesto intuitivo y femenino y echa a correr hacia arriba soltando un recio 'Buenas tardes'. La observo abrir su puerta, dudar un instante y, finalmente, cerrar tras de ella mientras pienso que he conseguido lo que queria y se que debo buscar su prometedora coincidencia otro dia no muy lejano.
La verdad es que el incidente me ha puesto muy caliente. Cruzo la ciudad pensando en Ana, mi novia; ese pensamiento me enardece aun mas. Subiendo en el ascensor hasta su atico me toco con la intencion de que ella note mi estado. Noto un calor enorme dentro de mi y tengo esa sensacion de que nada puede pararme.
Llamo a la puerta y, como tantas otras veces, abre su madre. Esta mujer corta el pelo en casa los dias que puede; hay otras tres mujeres en el comedor en bata y rulos. Me da los dos besos de rigor y me deja pasar. ¿Sere yo? sus besos, su mirada, no me han parecido como siempre. Ya en el pasillo, curioso, vuelvo la cara: ella sigue ahi en la puerta, mirandome con insinuacion... o eso es lo que yo creo. Agito mis ideas y busco a Ana en la cocina.
Descarada, animal, corre por su cocina descalza, con un top y en bragas. Nos besamos, reimos con un comentario mordaz. La abrazo y monto mi boca en la suya. Con un gesto habil desabrocha mis pantalones y hunde su mano en mis calzoncillos; inicia un movimiento suave, que sabe me vuelve loco. Separandola levemente de mi, le retiro el top dejando al aire dos pechos pequeños, casi inexistentes, de oscuros y rigidos pezones. Ella sigue con su ejercicio -me doy cuenta ahora de que casi no nos hemos hablado aun-. La empujo hacia atras y, cuando la tengo arrinconada contra el mueble, pongo su cabeza bajo el grifo. Chilla divertida. Dejo correr el agua y con mis manos unto todo su cuerpo de ese agua que chorrea desde su cabeza: su cuello, su espalda, sus caderas, su pubis afeitado -gime-, sus muslos; hundo mi cara y voy bebiendo de entre sus muslos, de la entrada de su vagina a sorbos largos y busco refrescar su clitoris con mi lengua insistente consiguiendo que su cuerpo se tense, se agite un par de veces bruscamente y, acompañado de un chillido demasiado alto, acabe relajandose.
Evidentemente, nos han oido porque su madre entra en el pasillo llamandonos y preguntando si todo esta bien. Nos escondemos en un armario, ella empapada y desnuda, yo entre asustado y loco. Desde nuestra posicion veo a su madre cerrar el grifo y contemplar todo el desaguisado; recoge el top y pone unos papeles en el suelo: no dice nada, solo sonrie. Ana me pregunta en voz baja que pasa; yo le pongo un dedo en los labios indicandole silencio. Ana me besa en el pecho y se levanta sobre las puntas de sus pies: con un agil movimiento se deja caer sobre mi introduciendose mi pene hasta adentro. Trato de aguantar un gemido y ella apaga su grito en un mordisco contra mi cuello. Me acaricia, se mueve como solo ella sabe hacer; su madre, mientras, acaba de recoger la cocina. Cuando la mujer se va, yo no puedo mas: contra la pared, embisto a Ana una y otra vez, una y otra vez. La retiro y la embisto desde detras mientras la acaricio. Con mano libre la aprieto desde sus caderas, desde su vientre contra mi, froto su espalda que se ha quedado fria, hundo mis dedos en su boca, le muerdo las orejas, ella rie y chilla y disfruta. Consigue deshacerse de mi y con su boca empieza a masturbarme devolviendome el placer y el favor. Sus dos manos y su boca trabajan en mis testiculos y mi pene con cambios de ritmo y fruiccion durante una eternidad. Cuando ya casi no puedo mas, la abro de piernas ante mi y dejo caer todo mi peso sobre ella: quiero partirla en dos. Alcanzamos un orgasmo increible, que nos deja cansados aunque no exhaustos.
Tiene la tarde, sin embargo, una carga sexual enorme. Le pido a Ana ducharme y no me pone inconveniente. La variacion es que me meto en la ducha del cuarto de sus padres buscando -envalentonado- un encuentro con la madre. No cierro la puerta, me desnudo en medio de la habitacion de una manera insolente y me contemplo en el espejo; Ana, desde el pasillo, rie mis posturitas. Entro en la pequeña ducha y solo con agua fria me doy un enjuagon. Creo oir a Ana y su madre, Elena, hablar en la habitacion; creo que rien. Salgo y me visto sin haber conseguido ese encuentro. Ana esta en su dormitorio acabando de vestirse, en ropa interior todavia, con un leve tanga que no se de donde ha podido salir y que nada puede tapar. La miro embobado. Oigo la risa de Elena a mis espaldas. Al girarme la descubro vestida de una manera increible, con una blusa blanca de gasa, casi sin vestir, con dos pechos grandes, generosos, de rosado pezon. Mi empalme en enorme, inmediato. Ella pone su mano sobre mi pecho y se acerca -lo sabe- mas de lo normal. Mira a su hija en el instante en que esta se gira; vuelve a reir de vernos tan juntos: las dos rien. No se que hacer. Las dos lo saben. Lo mejor es salir de alli, aunque Elena no pierde la ocasion de dejar caer su mano desde mi pecho hasta mi vientre, donde yo la paro. Con Ana casi sin acabar de vestir, salimos de alli.
Hemos vagado la tarde por aqui y por alla, hemos jugado, cenado, bebido y reido: ha sido una tarde agradable. Ya de madrugada, acompaño a Ana a su casa. Mi reloj marca las 3:15. Ana insiste en hacer un ultimo cafe que yo acabo aceptando.
Sentados en la cocina nos seguimos riendo de algunos personajes ridiculos que han cruzado nuestra tarde, inventamos chistes malos con ellos, diluimos su historia en el cafe. Cuando el reloj llega a las 4:25 aparece Elena despeinada, en bata, con cara de sueño inquieto por la puerta de la cocina. Ana la quiere invitar a cafe y yo la animo, con hielo -pide ella. Desplazamos la reunion a la terraza en la fresca noche.
Ya casi amanece entre bromas y comentarios que van subiendo de tono. Ana, joven y descarada, quiere disfrutar y se desnuda alli en medio, eleva los brazos y estira su desnudez: yo la observo excitado, Elena me observa a mi. Besala, acariciala me pide la madre. Ana cuadra los ojos, yo rio locamente. ¡¡Mama!!, pide asustada Ana y echa a correr por una manta. Aguanto la mirada de Elena durante unos instantes y acabo volviendo la cabeza oyendo a Ana reir en el fondo del pasillo. ¿Por que no lo hiciste?. ¿Por que no le hiciste el amor si la deseabas? -pregunta Elena. Sin saber quien responde por mi, una voz le dice que tambien, ahora, alli mismo, la poseeria a ella y no lo hago.
Elena se incorpora y deja caer la bata. De su cuerpo emana el olor mas increible que nunca oli, un aroma -mas que olor- que mi nariz busca, que mi boca va a beber. Sentimiento que busco en su boca, bajo sus pechos, en su vientre, entre los dedos de sus pies, en su espalda, en sus pliegues mas ocultos donde encuentro otras sensaciones, otros olores. De alli bebo, como por la tarde bebi de su hija, pero de una forma mucho mas serena, pausada, con delicadeza y... amor.
Despues de mi nariz, mi boca, por entre sus piernas frotando los muslos sube mi pecho, mi vientre, juega mi pene con sus labios mayores mientras ella me besa y me muerde la cara. Excito mi glande en su humedad, en la calida presion de su entrada. La acaricio y tumbo en el suelo boca abajo. Juego con su ano introduciendo uno, dos dedos mientras la beso. Pego mi cuerpo a ella buscando estar dentro; la penetro por detras poco a poco, con un cuidado que no imaginaba en mi: ella gime y se estira y yo la quiero con mi palma de la mano abierta, sobre sus hombros, en su nuca, bajo su pelo. Nos movemos, nos agitamos en un vaiven que nos difumina la terraza, que la lleva a un orgasmo que crece prolongado en su deseo acumulado, que la libera con un grito satisfecho, que estremece su cuerpo con el mio atrapado en su interior.
Mientras vuelve a este mundo, le susurro al oido, la abrazo para que no se enfrie, le obligo a cerrar los ojos y a sentir; pegado a ella, dejo que se recoja como un animalillo.
Quiere despertarse a mi lado, Ana dormira hasta muy tarde, quedate ¡por favor! -me pide.
En su dormitorio, entre sabanas de algodon, volvemos a amarnos. Nunca tuve sexo asi. De una forma mucho mas tradicional alcanzo el orgasmo dentro de ella con una descarga que me nubla la vista, que me duele en todo el cuerpo, que me ahoga, que me cambia.
Nos dormimos y despertamos llegando al mediodia, abrazados y oliendo a nosotros, a noche de verano, a suelo de terraza. Despertamos juntos...
Autor: Anonimo
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