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Potrillo
Enviado por aslex en 28 Ene, 2008 - 10:11
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Una chica pierde a su novio en un accidente, pero...
Relato dividido en varias partes (todavia no se en cuantas :s)
Ya trae la mala leche, le dijo Bermúdez a su esposa quien terminaba unos informes en su portátil, "deshazte de él". Bermúdez volteó de nuevo hacia donde estaba el potrillo brincando y corriendo para alejarse de Eugenio el encargado de las cuadras, "¡mira!, pobre Eugenio, lo trae vuelto loco, jajajaja"
"No querrás a ese animal para María Elena, regálalo o véndelo antes de que ella regrese", dijo ella cerrando a la vez su portátil. "Si, aunque apenas regalándolo, nadie lo compraría con ese carácter", es bellísimo, pensó.
Ya había un interesado y hasta cita existía para que lo viera pero algo impidió que éste llegara, luego por diversas razones no pudo ir hasta que Bermúdez le preguntó por teléfono, una semana después, si realmente estaba interesado, "Si, discúlpame viejo, bla, bla, bla, hoy mismo voy"
Sin embargo algo insólito ocurrió unos minutos después, sucedió así: Sarita, una señora que vivía en el pueblo y que en ocasiones traía comida hecha a la casa cuando estaban Bermúdez y su esposa, llegó a eso de medio día, la esposa de Bermúdez la recibió con mucha efusión ya que ella había sido su nana en algunas épocas de su niñez.
Ella y Bermúdez también le tenían especial consideración porque la pobre mujer había perdido a su hijo mayor, Carlo, quien trabajaba para ellos, en un accidente cuando montaba a Calandria, la madre del potrillo rebelde.
Sarita estuvo poco tiempo con ellos, aunque quería mucho a Estela no deseaba estar mucho tiempo en ese rancho ya que no dejaba de dolerle el recuerdo de su hijo. La despidieron con la misma efusión con que la recibieron, "la visitamos mañana nanita, cuídese mamita, hasta mañana", le dijo Estela al tiempo que la abrazaba y le besaba la mejilla cariñosamente.
Bermúdez la miraba por la ventana mientras se alejaba, "pobre Sarita, aun lamento mucho...¡eh!, ¡eh!, ¡eh!", gritó él al tiempo que salía corriendo hacia el patio del frente, "¡¿qué pasa?!", preguntó a su vez Estela quien salió tras él muy asustada al escuchar los gritos de espanto de su esposo, "¡el potrillo!", le dijo el sin voltear ni detenerse, "¡brincó la barda y se le va a echar encima a Sarita!"
"¡Agárralo!", gritó Estela casi instintivamente, mas su espanto se transformo en asombro cuando vio que el potrillo, en vez de golpear o patear a Sarita, se acariciaba en ella.
Ya aliviados luego del episodio lo comentaban con Sarita y Eugenio en la cocina bebiendo limonada, no concebían aun lo sucedido, "Sarita, ese caballito no quiere a nadie, es rebelde a morir", le dijo Bermúdez, "lo íbamos a regalar Sarita, pero ahora no, si usted lo quiere quédeselo, le servirá de mucho"
Sarita por supuesto que no aceptó ya que carecía del espacio adecuado, "pero vendré a visitarlo seguido". En el aire flotaba la idea, no expresada por nadie ya que todos consideraban absurdo hacerlo, que el alma de Carlo había renacido en el potrillo.
María Elena, la hija de Estela y Bermúdez, llegó una semana después. La alegría fue inmensa para la pareja y para los trabajadores del rancho ya que ella era cariñosa con todos por igual ya que los conocía desde muy pequeña. Al siguiente día ya estaba en el pueblo visitando a sus amistades rematando en la casa de Sarita quien la quería en extremo ya que le había correspondido a Carlo cuando este le confesó su amor. Luego de recordar y llorar un poco decidieron irse al rancho, "¿ya viste al potrillo m'ija?"
"¡Ya!, ¡es un animal hermoso!, aunque ya casi es adulto"
"Si, y si vieras que el otro día pasó algo muy curioso"
"¿Qué?", Sarita le platicó lo ocurrido, "que extraño de verdad, aunque qué bueno que así pasó, ni he tenido tiempo de verlo bien, el año pasado, cuando no pude venir, mi papá me dijo que el potrillo ya tenía dos años y que le fuera buscando nombre, porque me lo iba a regalar"
"Ay, qué bueno, esta rechulo el caballito"
"Y grandote, aunque me da un poco de miedo, dice Eugenio que se encabrita por la nada"
"Se va a encariñar contigo, vas a ver"
Sarita estuvo un rato en la casa grande platicando con Estela, Bermúdez y María Elena, luego se despidió, "¡Sarita!, antes que se vaya acompáñeme a ver al potrillo por favor, ¿si?"
"¡Si!, vamos", potrillo se acercó de inmediato a sarita y repegó su cabeza a la de ella, "¡mira que cabrón!", dijo Eugenio, "nomas con usted se porta así, ¡pero si hasta parece que usted lo crió Sarita!"
"¡ay!, pero si es muy cariñoso, no sé de dónde sacan que es tremendo"
"¡Uy!, si usted lo viera cuando cualquier otra persona se le acerca, Sarita, pero si hasta parece el mismo demonio", María Elena miraba arrobada como el potro se dejaba acariciar por Sarita al tiempo que le respondía con la cabeza, le daban ganas de acariciarlo también pero temía romper el hechizo o que el animal la rechazara, "acarícialo, ándale", le dijo ella, María Elena la miró algo desconcertada y luego volteó a mirar al potro dubitativa, para después alzar lentamente la mano y tocarlo de manera precavida.
Potrillo giro su cabeza de pronto lo que provocó que María Elena alejara la mano, luego la miro fijamente durante larguísimos segundos sin siquiera parpadear, ella estaba como hipnotizada ante esa mirada que parecía escrutarla a fondo, después acercó su cara a la de ella: "¡cuidado María!", le advirtió Eugenio, pero ella no hizo caso al no percibir signo alguno de agresividad. Comenzó a olerla sin dejar de mirarla fijamente, momentos después se relajó sensiblemente y pegó el hocico a la frente de ella quien se mantuvo inmóvil aunque algo preocupada, después el animal pasó su mejilla lentamente por la mejilla de ella como si intentara hacerla una caricia tierna.
"Lo que pasa es que es tierno con las mujeres, tiene buen gusto, jajaja", dijo María Elena "pues a lo mejor, hay animales así, falta que Estela lo compruebe", dijo Bermúdez mientras se serbia un vaso de brandy, "¡no!, yo no me le acerco ni de chiste, nunca he sido buena conviviendo con los animales"
"Pues conmigo has sido excelente mi amor", dijo Bermúdez al tiempo que alzaba su copa.
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