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La sirvienta caliente

Publicado por Anonimo el 10 de May, 2005

Su esposa no se daba cuenta del furtivo juego erotico que tenia su marido con la recien llegada sirvienta.
Esta experiencia fue unica, de las mejores de mi vida. Casado con una mujer excelente, hubo necesidad de contratar a una empleada para las labores domesticas y cuidara al niño. Habiamos tardado en encontrar a la candidata idonea. Mi mujer la hallo. Al entrar ese dia con ella a la casa, quede impactado con la chiquilla, que nada tenia de provinciana ni tenia facha de sirvienta. Delgada, cara fina, bella, tetas prominentes, boca carnosa, morena, pelo largo que le caia sobre en los senos, piernas torneadas, apetecibles, mordibles. Unas nalgas primorosas, paraditas, duras -esto despues lo comprobe--.



Quede desde el primer instante deseandola. Siempre habia tenido como fantasia, el deseo de contratar a una sirvienta bella, provinciana y andarmela cogiendo. Se me cumplio. En los siguientes dias de plano me enloquecio, estaba obsesionado en llevarmela a la cama. Pero con mi mujer casi siempre en casa, ¿como le haria?



Paso un mes, la chiquilla era desquiciante, se vestia muy atrevida para salir, minifaldas, pantalones entallados, escotes que dejaban ver gran parte de su grande, sabroso busto, unos pezones que se le dibujaban bajo la blusa apretada y que se le notaban paraditos, prestos para una gran mamada. Ella era muy alegre, risueña. En casa se ponia tops, pantaloncitos cortos, minifaldas, siempre mostrando las bien formadas piernas o gran parte de esas tetas sensacionales que de inmediato me ponian tieso el pene.



En cuestion de unos dias comenzamos a llevarnos muy bien, a tutearnos, no parecia una relacion patron-empleada, surgio la amistad, la enorme atraccion. Yo solia masturbarme, con su imagen, en su habitacion cuando ella salia a la calle. Y depositaba mi semen en sus diminutas tangas, que sacaba de su armario, me corria en sus medias, mezclaba mi esperma en su crema facial, en su crema para quitar maquillaje, para que al ponersela se embadurnara de mi leche.



En la noche tomamos por costumbre jugar naipes ella mi esposa y yo. Y, casi siempre --ella con minifalda y yo en sandalias--, comenzaba a tocar sus piernas, sus apetecibles muslos con mis pies, hurgaba mas alla hasta llegar a su nidito, casi le introducia el dedo gordo del pie por encima de sus humedas tangas, que a veces apartaba para acariciarle la vagina.



Ella no protestaba, al contrario, parecia disfrutar con ese furtivo juego erotico, todo, sin que mi mujer se diera cuenta Al cabo de un mes fue mi propia esposa el conducto que propicio todo: ella no tenia en sus dias de descanso amigas para pasear o ir al cine.



Esa ocasion mi mujer insistio: "acompaña a Lolita al cine, quiere ver esa pelicula, no sabe andar en la ciudad y se puede perder. Por mi no hay problema, diviertanse". Ni tardo ni perezoso accedi. Ya en la sala cinematografica elegi el momento mas romantico -era un musical-para besarla apasionadamente, mordi sus labios, succione su lengua, la aprete contra mi. Ambos nos estabamos deseando en secreto y ahi exploto la pasion.



Salimos de inmediato y la lleve al departamento de un amigo, cuyas llaves tenia yo guardadas por andar el de viaje. No nos aguantabamos, recorri con lujuria su tersa piel morena, niña de 23 años, yo ya de 36. Senti sus pechos contra mi cuerpo, nos besamos desenfrenadamente, por fin lami sus pechos, succione sus pezones. Con el detalle especial -no he conocido otra mujer que le pase--, que le salia lechita de sus orificios, yo me la tragaba y succionaba mas sus tetas, esperando una rica malteada de chocolate o fresa. Con desesperacion agarre sus nalgas duras y bellas, redondas, comence a recorre su cuerpo con mi lengua hasta llegar al pubis, la enrolle y la meti a su candente, rojisima vagina, buscando su clitoris. Ella se estremecia de placer, yo tomaba sus pechos y los estrujaba. Ella pidio que ya le metiera mi endurecido miembro, que estaba enhiesto, rebosante, humedo, deseoso de meterse en esa cuevita maravillosa. Lo hice, ella temblaba, nos acoplamos a la perfeccion, la tome de las nalgas y la cargue para meterle todo el pene, hasta la empuñadura, la sostenia, ella gemia y gritaba "mas, mas, metemelo todo, mas papito, quiero mas, como te estaba deseando", lo que me excitaba aun mas. Esa primera vez la posei en tres ocasiones casi seguidas, terminamos felices, agotados.



Los meses siguientes fueron los mas excitantes, pues lo prohibido como que calienta mas. Tan solo con mirarla, con verle las nalgas al pasar, conque ella me rozara, de inmediato se me paraba la verga y haciamos el amor donde fuera, aun estando mi mujer dormida, o lavando ropa en la azotea. La empinaba en el baño, en las escaleras, en los pasillos, recorrimos todas las habitaciones. En especial, en la cocina la ponia frente al lavabo, muy temprano, antes que mi mujer despertara. La doblaba y le dejaba ir todos mis 18 centimetros. A ella no le gustaba limpiarse mi semen, asi que le escurria de su encendida rajadita y a veces se le rodaba abajo del vestido, por las piernas, o le mojaba el pantalon. Afortunadamente mi mujer no se daba cuenta ni percibia el especial olor de mi esperma adherido a su piel. Una vez Lolita estaba hablando por telefono con su novio, de su pueblo, y ahi en el telefono le baje el pantalon, la empine y se la meti toda, bruscamente, sin mayor preambulo, hasta el fondo, lastimandola. Ella casi grito, comenzo a hablar con voz entrecortada con su novio, casi gimiendo. Aquel ni se imaginaba que mientras el estaba con ella en la linea, yo me la estaba cogiendo tan sabrosa, furiosamente, moviendole las nalgas para un lado y otro, tomandola de la cadera de a perrito, acariciandole las tetas que ya se las habia dejado de fuera, remetiendo tanto que la estrellaba contra la pared, dandole de nalgadas para que me apretara mas la verga.



Otras ocasiones lo haciamos en mi camioneta, estacionada en la calle o dentro de un estacionamiento, otras mas en unos baños publicos. Como a las cinco de la mañana despertaba yo, puntualmente, con mi miembro endurecido, parado, solicitandola a ella. A hurtadillas me escapaba de la cama de mi mujer, me metia en la recamara de Lolita, la despertaba a besos o con mi verga sobre su rostro o casi dentro de su boca. Y me la cogia sabrosamente en el piso, para no hacer crujir la cama ni hacer ruido. A veces ella no despertaba sino hasta que ya tenia todita la verga adentro, pues al llegar la acariciaba, la volteaba y si estaba profundamente dormida le bajaba las rica, rojas o negras tangas con encaje, me la montaba y se lo metia todo, asi que ella despertaba con todo eso adentro, gimiendo de placer.



Fue una de las etapas mas felices de mi vida, cogiendo diario con ella y sin descuidar a mi esposa, quien nunca sospecho (creo yo).



Lolita se fue de la casa al año siguiente, para casarse con su novio. A la fecha la veo de vez en cuando en su pueblo y nos metemos al primer hotel que encontramos para recordar y volver a disfrutar aquella epoca, tan caliente y prohibida. Sigue dejando que mi semen escurra de su vagina, por entre las piernas, sin limpiarlo. Asi, con mi olor en su piel y a veces con parte de mi esperma en su boca, llega a casa para besar a su esposo.



Autor: Anonimo




 


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