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Sueños de secundaria

Publicado por astaroth el 29 de Oct, 2012

Jamás espere que la fantasía de todo estudiante fuera a terminar tocando a mi puerta...
Estos acontecimientos se dieron hace unos años ya, en mi época de secundaria y para ser precisos en mi segundo año. Las circunstancias hacen conveniente que por el momento mi nombre sea Luis, y que en aquella época fuera un simple estudiante de secundaria (a mi ver) común y corriente. Ligeramente más alto que el promedio, moreno claro con cabello negro y ojos color miel, complexión mediana con algunos kilos de más (sin exagerar tampoco) y como todos mis compañeros, en la edad del pavo y ansioso de saber más de aquel gran desconocido llamado “sexo”

Es conveniente mencionar que la principal fuente de ingresos de mi familia es un bar que no llega a ser antro (a mis padres les choca la música estridente y las luces cegadoras) y que por tanto es más bien frecuentado por gente de mayor edad que busca un sitio tranquilo donde poder compartir un momento más íntimo. Sobra decir que nuestros clientes más habituales son parejas que buscan estar a solas y que en realidad tenemos poca afluencia de solteros/as, cosa que me imagino, nadie se molestó en explicarle a mi maestra…

Su nombre es Roxana y en aquel entonces tendría unos 29 años (quizás algunos más, jamás le pregunté su edad); casi recién egresada de la facultad y con más empeño que experiencia para dar clases, era la típica maestra con la que los alumnos teníamos fantasías y sueños húmedos por ser más joven y atractiva que el profesorado general. Al ver nuevamente las fotografías del fin de cursos me doy cuenta de que si bien era una mujer atractiva, tampoco provocaría accidentes de tránsito: alta para ser una chica (1.70 metros), morena y con una figura no voluptuosa pero bien definida; pechos no tan generosos pero firmes y tentadores, un trasero pequeño y redondo con forma de corazón (cosa que nos volvía locos de calentura cuando se agachaba por algo) y piernas levemente regordetas. Sobra decir que en ese entonces mis amigos y yo la veíamos como si fuera una diosa y hubiéramos dado lo que fuera por poseerla; yo no imaginaba que el cielo estaba más cerca de lo que creía…

Llegó diciembre y con él, el fin de cursos y las fiestas de la época, lo cual en mi familia significaba tres cosas: trabajo, trabajo y más trabajo, pues dicha época era de las mejores para el negocio y con tanta gente buscando un lugar donde festejar, toda la familia teníamos que trabajar doble turno. Dicho ritmo frenético tenía sus recompensas, ya que las propinas siempre eran buenas y desde luego, nos ayudaba a financiar nuestra propia celebración un par de días después (en mi familia siempre hemos festejado casi cualquier fecha en forma “desfasada”), si bien ese año me traería un beneficio que no esperaba

“Una botella de vodka…!” exclamó una mujer que obviamente ya había recibido su dosis respectiva antes de llegar a la barra

“Disculpe… no cree que…”

“Una botella con un demonio!” exclamó con más energía

“No discutas hijo” escuché la voz de mi padre detrás de mí; “sabe que se paga por adelantado no?” ésta vez se dirigió a la mujer mientras señalaba un pequeño letrero sobre la barra; dicho letrero lo colocaba o guardaba según el cliente lo ameritara

“Seh, seh, qué más da…” murmuró la mujer mientras azotaba algunos billetes sobre la barra para después beber con avidez de la botella, cual si fuese la última que quedara en el mundo. Cuando se detuvo a tomar un poco de aire casi se me cae la charola que movía al piso: aquella testaruda mujer era mi maestra de secundaria. Al principio intenté hacerme el desentendido, pero ella pareció reconocerme a mí también y de inmediato me llamó por mi nombre

“Luis! Que haces en un tuburio de mala muerte como este…” murmuró mientras intentaba sonreírme lo mejor que podía

“E… esto… aquí trabajan mis papás y…”

“Ah, y también convencieron al encargado de que te diera trabajo a ti no?”

“So… somos los dueños…” murmuré un tanto apenado, pues mi maestra más que hablar gritaba sus respuestas

“Ah… o sea que no debí decirle tuburio de mala muerte verdad?” exclamó para después soltar una sonora carcajada golpeando la barra, y acto seguido darle otro buen trago a la botella

“Ma… maestra… creo que…” intenté convencerla por las buenas de que se fuera, ya que los borrachos ciertamente daban una mala imagen al negocio, algo que mis padres siempre intentaron evitar

“Pffffff, no estamos en la escuela, háblame de tú y dime Rox” con una agilidad que no esperaba dio un salto de su asiento y me pasó el brazo alrededor del cuello; pude percibir claramente su aliento a alcohol; “haha, que cosas de la vida no? Año nuevo y yo aquí molestando a mis alumnos en vez de darme un buen acostón con un hombre”

“N… no es molestia…” respondí mientras la llevaba del brazo a una mesa apartada donde por lo menos no se escucharía el escándalo que armaba, sin embargo parecía ser que poco importaba lo que dijera, ella parecía decidida a continuar con su soliloquio

“Y no es por falta de ganas, no… es porque los malditos perros nunca tienen suficiente… que si muy gorda, que si no tengo curvas; si quiero un compromiso ellos sólo quieren pasar el rato, y si soy yo la que quiere pasar el rato, soy una puta!” no pude alegrarme más de que nadie más nos escuchara, pues ciertamente la cosa no pintaba bien

“Eh… ma… Rox, yo creo…”

“Y ni siquiera alguien a quien darle un beso cuando dieron las doce; no era tanto pedir, un beso de año nuevo…” un nuevo trago a la botella pareció darle el valor (o calentura) que necesitaba para lo que seguía…

Sin darme tiempo de hacer nada me plantó de súbito un intenso y lujurioso beso en la boca; no un beso de telenovela cargado de romanticismo sino una intensa declaración de lujuria (o alcoholismo) en la que su lengua jugueteó con la mía hasta que se cansó, mientras que mordisqueaba mis labios de vez en vez hasta que finalmente me soltó, dejando un cierto sabor a alcohol en mi boca

“Ves? Era tanto pedir uno de esos?” murmuró cuando sus labios finalmente se separaron de los míos, pero a decir verdad yo me había quedado patidifuso con el beso y no tenía idea de cómo reaccionar o qué contestar, algo que supongo, ella interpretó como que no lo había disfrutado… “No… disculpa… no debí, es que…” trató de disculparse, y dejando la botella sobre la mesa hizo ademán de retirarse; fue entonces cuando reaccioné

Tan intempestivamente como ella la jalé hacia mí y le planté un nuevo beso guiado más por el deseo que por la experiencia, tratando de lamer y morder su boca con más excitación que otra cosa, algo que ella indudablemente advirtió, pero que tampoco pareció molestarle

Sin decirme nada me rodeó nuevamente con sus brazos y nuevamente fue ella la que tomó el liderazgo, guiando mis torpes movimientos y enseñándome a besarla como ella quería. Sus brazos me pegaron a su cuerpo y mi ya erecto miembro rozó contra su pierna, lo cual pareció agradarle bastante…

“Ya es un poco tarde pero… quieres que festejemos año nuevo juntos? Te prometo que nos la vamos a pasar muy bien” susurró a mi oído mientras me manoseaba con descaro el trasero

“Yo… esto… sí… claro…” murmuré embobado por sus besos y sus caricias; apenas podía creer que aquella mujer a la que tanto deseaba me estuviera proponiendo acompañarla a su casa

Ni siquiera me importó avisarle a nadie que me iba; tan sólo la tomé de la mano y la dejé que me condujera a dónde ella quisiera; ella tomó mi mano y la colocó alrededor de su cintura mientras me sonreía con lujuria y nos dirigimos juntos a la salida

Afuera tomamos un taxi y ella murmuró una dirección que para ser sinceros ni siquiera traté de entender; estaba confundido, excitado y ansioso todo al mismo tiempo, y mis sentidos no se ocupaban de nada más que la que para mí era una diosa del placer que me llevaba al cielo. Nos besamos durante todo el camino, si bien besarnos se quedaría un poco corto para todo lo que nos hicimos en el asiento trasero de aquel auto, cuyo conductor ignoro qué pensó de nosotros ni tampoco me importó.

Finalmente llegamos y entre besos ella comenzó a buscar las llaves en su bolsa, a la cual tuve que ayudarla, ya que el alcohol aún tenía una presencia bastante fuerte en su cuerpo. Ni bien abrí la puerta ella me empujó dentro mientras se prendaba nuevamente de mis labios, haciéndonos caer sobre el sillón entre lamidas y caricias. Apenas se separó de mí el tiempo suficiente como para quitarse el saco y la blusa, dejando sus tentadores pechos cubiertos tan sólo por el sujetador que tampoco tardó mucho en acabar en el piso, dejándola desnuda de la cintura hacia arriba

Ninguno de los dos quiso perder un instante; mientras yo me incorporaba para tener una mejor posición ella ya estaba tomando mis manos y colocándolas sobre sus exquisitas cumbres, suspirando de gozo al sentir mis inexpertas pero ansiosas caricias sobre su piel. Mi boca no tardó en acompañar a mis manos, y si bien fue casi como un niño buscando con vehemencia un pezón que chupar, a ella parecía no importarle mientras no apartara mi cuerpo del de ella

Ignoro si habían pasado unos cuantos minutos o varias horas, ya que cualquier cantidad de tiempo me hubiese resultado insuficiente, pero súbitamente ella se separó de mí para casi arrancarme la camisa y darme una larga y tibia lamida en el pecho. No tardó mucho en hacerme parar y comenzar a desabrocharme el pantalón; para ser sincero aún me daba un poco de vergüenza mostrarle mi miembro a alguien más, pero ella no parecía dispuesta a esperar por nada y de inmediato me desnudó por completo, sonriendo con lujuria ante aquel espectáculo de tenerme frente a ella esperando ansioso que hiciera de mí lo que quisiera

Sin perder tiempo tomó mi dura erección con sus dedos y jaló el prepucio hacia atrás, dejando la sensible piel completamente expuesta y lista para lo que ella planeaba… De inmediato se metió por completo mi miembro a la boca, chupando golosa cual si de un delicioso dulce se tratara, arrancándome un fuerte gemido al sentir por primera vez tanto placer de golpe, quizás demasiado…

Apenas llevaba un par de minutos cuando sentí que inevitablemente iba a terminar, por más que quisiera prolongar aquella exquisita sesión de placer. Intenté avisarle o detenerla, pero ella por toda respuesta se metió por completo mi erección a la boca mientras me sujetaba con firmeza de las nalgas, dejándome claro que no me iba a dejar ir por ningún motivo, de manera que no me quedó más remedio que relajar mi cuerpo y abandonarme al placer

Lo que siguió fue una sensación tan increíble que ni siquiera sospechaba pudiese existir; un orgasmo tan intenso que se sentía como si mi miembro fuese a derretirse en su boca mientras ella continuaba chupándolo sin darme tregua un solo segundo. Ignoro si fue mucho o poco lo que eyaculé, lo único que supe fue que de su boca no escapó una sola gota, y que aún cuando la última había ya salido, ella todavía intentaba sacarme un poco más

Exhausto y con las piernas temblando finalmente me permitió desplomarme en el sillón mientras se relamía gustosa los restos del primer orgasmo que me arrancaría aquella noche, para después quitarse la falda y todo lo demás, quedando ella al igual que yo, completamente desnuda

Es muy posible que mis recuerdos sean mejores que la realidad, pero en ese momento me pareció ver a una mujer mucho mas bella que incluso las actrices de las películas que solíamos ver a escondidas los compañeros: de pechos generosos sin caer en los excesos, con pezones firmes y paraditos; una cintura breve y un vientre plano y suave y caderas que invitaban a ser besadas, mordidas, cabalgadas… Aquella visión me devolvió de inmediato el alma al cuerpo y la sangre a mi miembro, que no sé si fue por la juventud o la excitación del momento, pero se encontraba listo para más, cosa que no pasó desapercibida por ella

Ya sin necesidad de decirme nada simplemente me guió de la mano a su habitación, a la que llegamos nuevamente entrelazados de brazos y lenguas y así mismo caímos; yo ansioso de tocar y conocer cada parte de su cuerpo y ella deseosa de que lo hiciera. Ignoro cómo, pero en un momento yo terminé acostado boca arriba, con ella sentada justo sobre mi cara, y no necesitó tampoco decirme nada para hacerme saber lo que quería

Ansioso por devolverle aunque fuera un poco del intenso placer que me había dado me abalancé de inmediato sobre su intimidad, que caliente y húmeda esperaba con ansia sentir las caricias de mi lengua. Un fuerte gemido de su parte me indicó que por lo menos me estaba sintiendo

Cual si fuera un sediento animal en un río de agua fresca, lamí y chupe la intimidad de aquella mujer como si no hubiera un mañana. Mis manos, que por inexperiencia o nerviosismo había dejado quietas a un lado pronto fueron tomadas por las suyas y dirigidas a sus suaves pechos; ella tenía que doblarse un poco para que yo pudiera darme gusto con ellos pero no parecía importarle, con tal de sentir más placer. Pronto mis manos fueron recorriendo su cintura y terminaron manoseándole con descaro aquel par de redondas nalgas que se movían al compás de mi lengua cual si me estuviese cabalgando, cosa que no tardaría demasiado en ser cierta…

Apenas se levantó lo suficiente como para poderse mover un poco más hacia el sur, tomando con su mano mi miembro, erecto a más no poder y con la otra apuntaba hacia su cálido y exquisito interior. Un fuerte gemido por parte de ambos acompañó el momento en el que los dos nos volvimos uno, gimiendo de gozo al sentir cómo nuestros puntos más íntimos ahora compartían el mismo sitio y el inmenso placer (al menos para mí) que esto nos daba

No tardó ella en tomar ritmo, cabalgándome con gusto mientras arqueaba el cuerpo hacia atrás y se apoyaba sobre sus palmas, permitiéndome ver cómo mi erección había desaparecido por completo dentro de ella que ahora gemía gustosa mientras le permitía salir apenas un poco, sólo para después llevarme aún más adentro si es que era posible, haciéndome jadear para respirar aquel aire cargado de lujuria. En retrospectiva le agradezco infinitamente aquella sesión previa de sexo oral, ya que si me hubiera desvirgado desde el principio, me hubiera hecho terminar ni bien hubiéramos comenzado

Doblándose sobre de mí, nuevamente comenzó a besarme lo cual recibí gustoso; aquel curso relámpago (por decirle así) había rendido frutos pronto, e incluso me atreví a mordisquear sus labios y chupar su lengua, lo cual parecía gustarle, ya que la dejaba a mi merced, como esperando que continuara mostrándole lo aprendido. Yo por mi parte me sentía un poco abrumado, sin saber si quería continuar besándola o chupar nuevamente sus pechos; si quería disfrutar la suave piel de su espalda bajo mis manos o prendarme con fuerza de sus redondas nalgas tal como ella lo había hecho conmigo, y ciertamente tanta estimulación al mismo tiempo sólo podría tener un resultado…

Gimiendo de gozo me abandoné al placer que me brindaban sus caderas mientras me corría deliciosamente en su interior, apretando con fuerza sus nalgas mientras empujaba mi miembro dentro de ella tanto como me era posible, como si tratase de prolongar aquella experiencia tanto como pudiera, lo cual ella recibió con bastante agrado, bajando poco a poco el ritmo hasta que terminamos completamente quietos; ella aún encima de mí, ambos jadeando, sudando y con la piel hirviendo

Ni siquiera podría precisar en qué momento nos quedamos dormidos, o si el que se durmió primero fui yo o fue ella, sólo sé que nos quedamos dormidos en esa misma posición, abrazados y entrepiernados, sin preocuparnos de nada más que descansar de aquel éxtasis que compartimos. Creo haberme despertado aún antes de que despuntara el alba y haber tenido sexo con ella una vez más, pero me sería imposible precisar si fue un sueño o si realmente lo hicimos, y fue tan placentero que me daría igual cualquiera de las dos, después de todo tendría bastante realidad al día siguiente…

Al despertar noté que ella ya se había bañado y se estaba vistiendo; intenté hablar con ella pero no tendría mucho para decir después de lo que me aguardaba

“No Luis, por favor no quiero que pienses nada raro; lo de anoche fue un error, me agarraste tomada y… no debimos haber hecho lo que hicimos. No se puede hacer ya nada, pero te pido que no se lo comentes a nadie sí?”

Sus palabras me cayeron peor que un balde de agua helada al despertar, y ni siquiera supe qué contestarle; tan solo me limité a vestirme en silencio buscando mi ropa que había quedado desperdigada por el lugar, para después salir sin siquiera despedirme, con la cabeza hecha una olla de grillos; por un lado aquella excitante experiencia había sido todo lo que hubiera deseado de mi primera vez, y sobre todo había sido con la mujer con la que yo (y todos mis compañeros) soñaba, y por el otro sus palabras me habían dejado claro que simplemente había estado en el lugar correcto en el momento adecuado. Al final decidí simplemente agradecer mi suerte y dirigirme de regreso a mi casa, donde seguramente tendría algunas explicaciones que dar, o quizás no…

Por fortuna mis padres dormían todavía, lo cual no era de extrañarse, ya que el primero del año solían levantarse hasta bien pasadas las doce del día, con lo cual podría pretextar que simplemente me había ido a dormir sin que sospecharan nada diferente, de manera que regresé a mi habitación y me acosté un rato a soñar despierto y por que no, deseando un poco que aquella experiencia pudiera repetirse

Regresamos a la escuela y fiel a mi promesa no le conté a nadie, ni siquiera a mis amigos que posiblemente ni siquiera me creerían; yo mismo dudaba un poco que aquello realmente hubiera pasado; la confirmación sin embargo llegaría, aunque fuese un poco tarde, dos semanas después de iniciar cursos para ser precisos

“Oye Luis, crees que podemos hablar un rato… en privado?” me dijo con un dejo de nerviosismo en su voz

“S… sí claro maestra…” murmuré completamente desorientado

“Llámame Rox si estamos a solas ok?” me dijo mientras me guiñaba un ojo y me conducía a un sitio apartado

Una vez solos me dijo que lamentaba mucho cómo había terminado nuestra experiencia y que no había sido su intención lastimarme, que simplemente no había sabido cómo reaccionar y terminó haciéndolo de la peor manera, pero que no se arrepentía de lo que habíamos hecho ni mucho menos de la noche que habíamos pasado juntos

“Gracias por no decirle a nadie” me susurró al oído mientras me abrazaba

“De… de nada pero…” supongo que adivinó que yo me estaba preguntando cómo estaba tan segura de que nadie lo sabía

“Estos rumores se corren rápido, si le hubieras dicho a alguien ya toda la escuela lo estaría comentando, y si quieres… puede seguir siendo nuestro secreto…” ésta vez su voz tomó un tono más seductor, su abrazo se tornó mucho más cercano

“E… entonces… nosotros…”

“Calmado, no te estoy pidiendo que nos casemos, es solo que hacía ya un rato que nadie me hacía sentir como aquella noche, y si tú quieres, te podría enseñar algunas cositas que te hacen falta…”

Sellamos aquel pacto con un largo y apasionado beso y ese mismo día volvimos a su casa a consumarlo. Ella se encargó de enseñarme todo lo que se refería a hacerla gozar, y mentiría si dijera que ella no hacía lo mismo conmigo. Duramos así un poco menos de medio año hasta que ella se fue a otro estado a buscar un mejor puesto y después de eso perdimos contacto, pero jamás olvidare aquellas tardes de “tutoría privada” con ella…




 

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