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Follando en la universidad

Publicado por Anonimo el 08 de Jun, 2007

El día prometía aburrimiento. Camino del trabajo, en medio de un autobús atestado, el Lunes apesta, os lo digo yo.
Meses atrás os hablé de cómo mi sobrino Mauro desvirgó a este machote de 43 años. Tras aquella primera experiencia, siguió otra, con Mauro. Lo cierto es que mi confusión sexual era patente, pues no me sentía capaz de ir de ligues masculinos ni pasearme por los locales típicamente gays.



“Perdón” exclamó una voz a mis espaldas. Un oportuno frenazo había situado una polla erecta en contacto con mi culo. A través de ambos pantalones la notaba dura como una piedra. “No importa” respondí, ciertamente turbado. Sin embargo, no sé si el anonimato del bus y el hecho de no ver la cara del dueño de semejante “aparato” me ayudó, pero la cuestión es que procuré empujar bien hacia atrás y mi compañero de viaje no hizo lo más mínimo por apartarse.



Al llegar a la parada del Campus universitario noté como se retiraba y, como un resorte, giré y me sorprendí bajando del bus y yendo tras un zagal de unos 19 años, delgado, alto y rubito con una mochila al hombro. Lo agarré del brazo y le susurré al oído “debo hablar contigo. Anduvimos un trecho perdidos por la primera facultad que encontramos, hasta que se soltó de mi presa y dijo, “sígueme”. Tras caminar por unos cuantos pasillos, cada vez más desiertos, me encontré con el chico en unos servicios que, al estar alejados de las aulas y zonas comunes parecían ser un buen lugar para “jugar”.



Sin tiempo para pensar, baje el pantalón del joven universitario y arrodillándome ante él, comencé a chupar su bellísimo pene. Rosado, grueso, perfectamente circuncidado, era una alegría ponerme bizco para mirar aquella belleza cada vez que me lo sacaba de la boca. El chico gemía levemente, con tranquilidad, pero dejando claro el enorme placer que le estaba regalando. Tenía mis manos en sus piernas y notaba los temblores que el cercano orgasmo le provocaba.



Mi erección era tremenda y pensé, que en mi recién estrenada homosexualidad, me faltaba algo por hacer. Quité la camisa al “querubín” estudiantil y saqué un poco de jabón líquido del dispensador, el cual repartí por mi empalmada polla y por su carnoso culito. Sentándome en un wc, acerqué el culo maravilloso y empecé a meterle mi polla poquito a poco. Yo, dado que no tengo un gran miembro no hice demasiado daño a mi follado, antes bien, su rostro expresaba un enorme placer. Desde la comisura de sus labios resbalan las babillas que el gustirrinín le hacía perder. Ahogo sus suaves y leves gemidos encorvándose y metiendo su lengua en mi boca, chocando con la mía en un húmedo y sabroso “muerdo”. Su saliva abundante y los restregones de su polla en mi pecho y barriga precipitaron mi explosión. Me corrí entero, como los locos, gritando de placer, llenando su recto, su vientre maravilloso con todo mi polvo. Cuando el chico notó el “latigazo” de mi leche pegó un respingo y exclamó, “aaahhh, sííí, aaaahhh, sííí´.



Me temí lo peor y no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Lo aparte de mí y corrí de nuevo al dispensador de jabón. Unté mi culo en el gel e hice lo propio con la polla de mi culto amigo….para no hacerlo….no llevaba metro, pero de 22 cm no bajaba.



Me tiré al suelo, boca arriba y levante mis piernas casi hasta el pecho. Mi pareja parecía confuso pero bastó una orden para que comprendiera “ven y métemela”. Echado sobre mí, hundió su pene en mi culito en sólo dos etapas. El gel hizo que me ardiera por dentro y noté un evidente desgarro. Mi amante ya no estaba para paradas, así que comenzó a “bombear” con saña en mi ano, sin contemplaciones, quedando mis piernas y mis tetillas (ya os comenté en anterior experiencia que estoy algo subido de peso) en un constante bamboleo absolutamente turbador y excitante, tanto que volví a estar erecto.



A partir de aquí ya me fallan las palabras. Estar debajo de tan bello muchacho, estar siendo poseído por él, notar su carne dura dentro de mí son cosas para no olvidar. La cuestión es que el pobre chico estaba tan, tan caliente que, al mismo tiempo que me llenaba de su leche me inundaba de orín, dulces líquidos calientes, llenándome de mi amante y recorriéndome por dentro.



Una vez desplomado de gozo sobre mí, al simple contacto de su barriga con mi polla, volví a correrme, quedando ambos adheridos por mi semen.



Y hasta ahí el placer. No se repetirá esta experiencia con el universitario porque, sorpresa, dice que no es gay. Bueno, que nos quiten lo bailao.



Autor: Anonimo




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