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VIOLACION EN UNA BIBLIOTECA

Publicado por Anonimo el 06 de Ene, 2008


Voy a contar una terrible experiencia que me ocurrió hace seis meses; esto lo hago como terapia para superar el trauma que me dejó

Ingrid, Azucena y yo, Marlene somos grandes amigas; estudiamos la prepa en una escuela particular y siempre hacemos todo juntas, incluso esto que voy a contar nos afectó a las tres.



Las tres tenemos 17 años; somos delgadas y nos consideramos guapas; no somos las más populares de la escuela, pero tenemos muchos pretendientes. El día en que ocurrió todo fue un jueves; mis amigas y yo estuvimos en casa de Azucena haciendo un trabajo que nos habían dejado y que teníamos que entregar al día siguiente y del que nos faltaba mucho por terminar; ya eran cerca de las 4:00 de la tarde cuando Ingrid se dio cuenta de que nos faltaba información; pensamos bajarla de la Internet, pero la compu de Azucena no funcionaba y el profe nos había dicho que investigáramos, que no quería nada bajado de Internet y como Ingrid es muy correcta en esos casos, nos dijo que fuéramos a investigar a la biblioteca que estaba a cinco cuadras de donde estábamos



Al final nos convenció y nos fuimos las tres a la biblioteca a buscar la dichosa información. Al ir caminando hacia allá con nuestros uniformes azules y nuestras faldas cortas tableadas, nos encontramos con unos muchachos bastante guapos que se hallaban en una esquina jugando entre ellos; al pasar nosotras nos silbaron y nos dijeron varias cosas incómodas; Ingrid y Azucena ni siquiera les hicieron caso, pero yo volteé y le sonreí al que me pareció más guapo, por lo que me gané el regaño de mis amigas por coquetear con “los nacos” como los llamábamos. Llegamos a la biblio y Azucena saludó a la bibliotecaria; una señora joven de tez blanca, bastante delgada y guapa, que usaba anteojos de intelectual. Le preguntamos dónde encontraríamos la información que necesitábamos y ella nos indicó el fichero donde creía que podría estar.



Encontramos varios libros que pensamos que nos servirían y nos organizamos para separarnos y buscar los libros. Me fui al área donde me tocó buscar; me tocó la parte más alejada de la biblio; me tardé un poco, pues como no estoy acostumbrada a ir a esos lugares, me estaba costando mucho trabajo encontrar los libros que necesitaba; me concentré en encontrar la información, estaba volteada hacia un estante cuando una voz masculina me dijo desde atrás: “¿Te ayudo a buscar?”; volteé y era el muchacho al que le había sonreído; le dije que no, gracias, que ya había encontrado lo que buscaba, tomé cualquier libro e hice el intento de regresar a donde había quedado de reunirme con mis amigas, pero él me cerró el paso diciéndome cosas como que yo era muy bonita y que le había gustado mucho; yo le di las gracias pero le pedí que me dejara pasar y él me abrazó a la fuerza; haciéndome soltar el libro que cayó al suelo con gran estrépito; le dije que me soltara o gritaría, pero él lo que hizo fue besarme en la boca; con la mano libre empezó a acariciarme las piernas y a subir por debajo de mi falda; esto me molestó mucho y traté de soltarme, pero él me tenía bien aprisionada; me arrinconó contra una pared en medio de dos estantes; yo esperaba que alguien llegar por el ruido del libro, pero nadie apareció.



El muchacho empezó a besarme el cuello y a acariciarme los pechos, le dije que me soltara o gritaría y él me contestó que aunque gritara nadie vendría a ayudarme y que si lo hacía tendría que golpearme; eso me asustó mucho, pues siempre he temido a la violencia, estuve unos momentos tratando de analizar la situación mientras él seguía tocándome por todos lados; de repente me acordé de algo que vi en la televisión y pensé que podría funcionar, aproveché que él seguía atento a mi cuerpo, y le di un fuerte rodillazo en medio de sus piernas; él se dobló de dolor, cerró los ojos y abrió la boca como queriendo jalar aire, aproveché para correr por el laberinto de estantes de la biblioteca, empecé a gritar para que mis amigas y la bibliotecaria me fueran a ayudar para castigar al cochino este, pero, extrañamente, nadie acudió, cosa que me extrañó mucho porque no había más ruido en la biblioteca, era imposible que no me oyeran. Llegué a la zona donde quedé de verme con mis amigas; en esa parte hay varias mesas grandes para trabajar y allí fue donde comprendí porqué nadie me había ayudado:



Mi amiga Azucena estaba empinada sobre una de las mesas, amordazada con la blusa abierta, las manos atadas a la espalda y la falda levantada; uno de los muchachos que vimos en la esquina estaba detrás de ella con los pantalones abajo, violándola; Azucena tenía los ojos cerrados pero lloraba copiosamente y se quejaba por el dolor que le causaba el muchacho. Por otro lado, la bibliotecaria estaba desnuda atravesada sobre una mesa boca arriba; de un lado un muchacho casi desnudo le metía y sacaba su pene con fuerza al tiempo que le acariciaba los senos; del otro lado, otro muchacho le sostenía las manos y la obligaba a chuparle su pene.



Ingrid estaba hincada a la mitad del lugar, con la blusa abierta y sin sostén; un muchacho parado frente a ella la obligaba a chuparle el pene mientras otro que estaba parado atrás le sostenía los brazos. Había otros dos muchachos atrás del que violaba a Azucena esperando su turno y uno más viendo lo que le hacían a la bibliotecaria. Me quedé pasmada un instante, pero luego arranqué a correr hacia un pasillo que daba a la puerta de salida a la calle; pero los muchachos reaccionaron y antes de que llegara al pasillo me capturaron entre dos de ellos y jalándome del cabello me hicieron regresar. En eso el muchacho al que yo había pateado salió de entre los estantes y les dijo a sus amigos lo que yo le había hecho y les pidió que me sostuvieran para poder vengarse de mí; empezó a acercarse amenazante y yo grité pidiéndoles que no me hicieran nada; los muchachos me sostenían de los brazos y por más que me jalaba hacia atrás, no lograba moverme ni soltarme.



El muchacho llegó hasta mí y me dio dos tremendas bofetadas que me hicieron llorar; él me ordenó callarme, pero por el contrario, yo empecé a gritar más diciéndole que nos dejaran ir, que no diría nada; la respuesta de él fue salvaje: Me tomó de las coletas del cabello y estrelló mi cara contra una de sus rodillas; de inmediato sentí como la sangre brotaba de mi nariz y caí al suelo semi desmayada, pero por lo que ocurrió después hubiera preferido estar muerta; haré acopio de fuerzas para poderlo contar.



Bueno, ahí va: Me di cuenta de que ellos me desvestían rompiéndome el uniforme y la ropa interior; quedé desnuda expuesta ante ellos sin poder defenderme. El muchacho que me había gustado empezó a acariciarme los senos y decía cosas que apenas entendía; pero dentro de eso entendí que se vengaría por el rodillazo que le había dado; él me abrió las piernas, se me encimó y sin ninguna consideración metió de repente todo su pene en mí; jamás había sentido un dolor tan fuerte como en ese momento; grité con todas mis fuerzas, pero eso hizo que él se emocionara más y empezó a moverse con furia adentro y afuera de mí; de repente, giró sobre sí mismo, haciéndome quedar arriba de él; para ese momento yo ya había recuperado totalmente la conciencia y me daba cuenta de lo que sucedía. Desde donde estaba vi que a Azucena seguía en la misma posición y otro muchacho la violaba con fuerza; la bibliotecaria estaba boca abajo encima de una mesa, solo su cabeza sobresalía por el borde de la mesa; un muchacho atrás de ella le clavaba su pene por atrás mientras otro que estaba adelante de ella la obligaba a chupárselo.



A Ingrid la habían hecho sentarse encima de un muchacho a horcajadas y la obligaban a moverse arriba y abajo; le habían atado los brazos a la espalda y otro muchacho parado a un lado de ella la hacía chupárselo también; me pareció que las tres lloraban, pero no pude detenerme mucho a observar porque ya uno de los muchachos estaba introduciendo un dedo en mi ano; intenté cubrírmelo pero el muchacho me tomó de los brazos con una mano y me los sostuvo con fuerza; de nuevo les supliqué llorando que me dejaran y que no me lo hicieran por allí; les decía: ¡No por favor, déjenme ir, por favor por allí no, se los suplico!. Pero el muchacho que estaba debajo de mí me dijo: “¡Chilla maldita puta, vas a pagar por lo que me hiciste; te vamos a coger todos por todos lados hasta reventarte desgraciada!”



De repente sentí como el muchacho que estaba detrás de mí me soltaba y con las manos me separó las nalgas; su pene empezó a penetrar lentamente en mí y entonces sentí verdadero dolor; creí que me iba a partir en dos; era insoportable y grité con más fuerza que nunca y el otro muchacho que estaba junto a mí me tomó de los cabellos y aprovechó cuando abrí la boca para gritar para meterme su pene en ella y me obligó a chupárselo mientras me insultaba: “¡Ándale puta, chúpamelo o te pongo una madriza!”.



Quise empujarlo, pero el muchacho de atrás me tomó de nuevo los brazos y los jaló; se impulsaba con ellos para entrar y salir de mi ano con fuerza.Lloré de dolor e impotencia, nunca creí ser humillada de esa forma, los muchachos me violaban por los tres lados sin compasión, gozando con mi dolor y mi sufrimiento; me hicieron moverme para que ellos sintieran placer mientras me insultaban y se burlaban de mí diciendo que yo les había coqueteado, que no me hiciera la santa, que seguramente me estaba gustando.



El que estaba delante de mí terminó y me sostuvo con fuerza de los cabellos para que no me pudiera alejar y me hizo tragarme sus líquidos; casi me vomito del asco, pero pude aguantarme. Él sacó su pene de mi boca y empecé a gritar: ¡Ya por favor, ya no más se los suplico, me está doliendo mucho! ; el muchacho que estaba debajo de mí me dijo que a él también le había dolido el rodillazo que le di y que me aguantara; en eso, el muchacho que me lo metía por atrás también terminó y sentí como llenaba de semen mis entrañas; él se salió, pero no me soltó los brazos; pidió una cuerda y se la dieron, mientras su amigo me seguía violado, él me ató los brazos cruzados en la espalda.



Volteé a ver a mis amigas y a la bibliotecaria; las tres estaban hincadas en el piso, semi desnudas y despeinadas, una al lado de otra con los brazos atados a la espalda y amordazadas con trapos; ellas lloraban mientras veían lo que los muchachos me hacían El muchacho que me penetraba me volteó de nuevo, quedando él encima de mí; sacó su pene, se enderezó un poco y me levantó las piernas; en esa posición me volvió a meter su pene hasta el fondo, provocándome un dolor aún más intenso que la primera vez; de nuevo grité y sus amigos lo festejaron, diciéndole cosas como: “¡Cógetela!, ¡dale duro!, ¡acuérdate del madrazo que te puso!, ¡Hazla sufrir!, ¡Que chille la cabrona!”; él, animado por sus amigos, siguió haciéndomelo cada vez más fuerte hasta que soltó una tremenda descarga de semen en mí.



El muchacho me soltó y se levantó triunfante, dejándome desmadejada en el piso; “todo acabó”, pensé; pero otros tres muchachos se acercaron a mí; me levantaron y uno de ellos se acostó boca abajo en el piso; me obligaron a sentarme a horcajadas sobre su pene erecto, haciendo que me lo clavara yo misma; no sé si fue porque aún tenía líquido pero me dolió un poco menos; el muchacho me agarró de las caderas y con palabras altisonantes me ordenó moverme; casi de inmediato, otro se colocó detrás de mí, me empujó hacia abajo y me abrió las nalgas, metiendo su pene en mi ano y el tercero se paró delante de mí y tomándome del cabello ya suelto, me ordenó chuparle el pene, tuve que hacerlo aguantándome el asco y el dolor.



De reojo alcancé a ver que a mis amigas y la bibliotecaria les quitaban el trapo de la boca y tres muchachos las hicieron que les chuparan sus penes. Mientras, los tres muchachos siguieron violándome por los tres lados hasta que terminaron uno a uno; primero el que estaba detrás de mí, luego el de abajo y casi de inmediato el que me hizo chupárselo. Los tres se salieron y me dejaron tirada de nuevo; yo ya estaba muy adolorida del ano, la vagina y la mandíbula y vi como los tres muchachos que habían hecho que mis amigas se los chuparan, se acercaron a mí y repitieron la historia, uno por delante, otro por atrás y el último por la boca, los tres terminaron dentro de mí en diferente orden.



Se levantaron y me dejaron allí; vejada, humillada y adolorida. El muchacho al que yo había pateado y que antes me había gustado, se acercó a mí y tomándome del cabello, me dijo: “Ya no eres tan ruda, ¿verdad puta?”; como yo estaba muy molesta por lo que me hicieron, le escupí en la cara y le dije que él era una escoria; pero antes de que yo terminara, ya él me había dado un par de bofetadas, sus amigos hicieron una expresión: “¡Uuuuhhh!” y él enojado me dijo: “¿Ah si?, no te la vas a acabar pinche puta, ahora si vas a sufrir hasta desear no haber nacido”. Dicho esto, tomó mi calzoncito; con una mano me apretó las mejillas obligándome a abrir la boca y lo metió en ella; luego tomó un trapo y me amordazó con él. Él repetía: “¡Ahorita vas a ver, ahorita vas a ver!”.



Me tomó del cabello y jalándome de él, me arrastró por el piso hasta donde estaban las mesas; con ayuda de sus amigos me subieron a una, acostándome boca arriba, me abrieron las piernas y me ataron los tobillos a las patas de la mesa; luego, hicieron levantarse a mis amigas y a la bibliotecaria; el muchacho que escupí les dijo algo al oído a cada una y ellas me vieron con tristeza; luego colocaron a Azucena a un lado de la mesa y la bibliotecaria del otro; a Ingrid la colocaron a mis pies; Azucena llorando me dijo: “¡perdónanos, pero nos están obligando!”; esto motivó que uno de los muchachos le pegara fuertemente en la cabeza, por lo que ya ninguna de ellas dijo nada.



Unos de los muchachos dijo: “¡Empiecen!” y ellas se inclinaron sobre mí; primero empezaron a lamerme los pechos y la vagina; esto lejos de ser desagradable, más bien se sentía bien; sin embargo, un poco después ellas ya no lamían, sino que empezaron a morderme los pezones y el clítoris; eso si me dolió; grité, pero de mi boca solo salían gemidos: ¡Mmm, Nnnn, mmm!; los muchachos reían y gritaban: “¡Más fuerte, más fuerte!” y cuando se dieron cuenta de que Ingrid no me mordía con fuerza, le dieron un tremendo palazo en las nalgas.



Luego fue Azucena la que aflojó un poco y también escuché el tremendo golpe que descargaron sobre ella; yo ya no soportaba el dolor, les gritaba a ellas que se detuvieran, pero además de que no se me entendía nada por la mordaza, en cuanto aflojaban recibían un castigo; Ingrid, después del palazo mordió con fuerza, pero luego aflojó de nuevo y entonces uno de los muchachos se colocó detrás de ella y le metió su pene de un solo golpe, haciéndola llorar y obligándola a apretar de nuevo los dientes sobre mi maltratado clítoris.



El castigo continuó durante una eternidad; a Ingrid le tocó que la violaran tres muchachos por haber aflojado; a Azucena uno y a la bibliotecaria ninguno, pues ella no aflojó ni un instante. Después de mucho tiempo, les ordenaron detenerse y ellas se levantaron, dejando mis pechos y mi clítoris excesivamente adoloridos. Dos muchachos se pararon a un lado de cada una y las juntaron, haciéndolas que vieran todo lo que me ocurría. Pensé que ese castigo había sido muy duro, pero el muchacho se acercó y me dijo que si lo volvería a escupir, yo volteé la cara a otro lado y él me tomó del cabello, obligándome a verlo y me dijo: “¡



Cuando yo te hable mírame a la cara, puta!”; se alejó un poco y me mostró su dedo medio; tomó una botella de alcohol y lo sumergió en ella, luego empezó a acariciarme el clítoris con ese dedo; el ardor era insoportable; me retorcí y me quejé y el me dijo: “Aguántate porque te estoy curando las heridas que te hico la puta de tu amiga”; yo intentaba cerrar las piernas, pero era imposible; cuando acabó, yo lloraba desconsoladamente y él me dijo: “Ya no eres tan valiente ¿verdad?”. El muchacho sacó una navaja y me la colocó cerca del pezón derecho mientras con la otra mano apretaba un poco mi seno; me dijo:



“¿Cómo te verías sin un pezón mamacita?”; me horroricé de solo pensarlo, le supliqué por detrás de la mordaza que no lo hiciera; el me hizo sentir el filo de la navaja y cerré los ojos, esperando lo peor. De repente me soltó y abrí los ojos; él apuntó la navaja hacia mi ojo derecho, me tomó del cabello con la otra mano y me dijo: “O tal vez te veas mejor tuerta”; grité de nuevo mientras la navaja se acercaba inexorable a mi ojo; me imaginé desangrándome y muriéndome del dolor; se escuchó un grito: “¡Ya déjenla en paz, malditos!”. El muchacho y yo volteamos a ver quién había gritado y vimos que era Azucena, que desesperada por la tortura que me aplicaba este tipo, decidió enfrentarlo.



El muchacho le dijo: “¿Qué, quieres ocupar tú su lugar?”; Azucena espantada movió la cabeza diciendo que no; “¡Entonces cállate!”, le dijo el tipo, Enseguida me desataron las piernas y me quitaron la mordaza, él me tomó del cabello y me atravesó en la mesa; dejó mis piernas colgando de un lado de la mesa y mi cabeza del otro y se paró frente a mí; me puso su pene flácido en la boca y me dijo: “¡Levántamelo puta!”; tuve que abrir la boca y chupar su pene para que se le parara; en esa posición yo no veía nada, pero sentí cuando alguien me abría las piernas y empezaba a clavar su pene en mi pobre vagina cansada.



Grité, pero el grito se apagó en el pene del muchacho que me hacía chupárselo; de cualquier manera, ellos siguieron con su orgía salvaje; el que me lo estaba haciendo por abajo descargó su semen en mí y el que me hizo chupárselo tomó su lugar, pues su pene ya estaba totalmente erecto. Así, uno a uno, hicieron que yo les levantara sus penes para después metérmelos por la vagina; ya no pude gritar ni llorar; solo deseaba que la pesadilla terminara.



Después de que todos ellos pasaron por mí, entre tres me llevaron a una parte oscura de la biblioteca, pues solo habían dejado prendidas las luces de la zona de mesas; vi como otros se llevaron a Azucena, a Ingrid y a la bibliotecaria por otros pasillos, separándonos. A mí me ataron a unos estantes con los brazos y piernas separados, como en X, colgando a unos centímetros del piso, me amordazaron y se fueron, dejándome allí desnuda, maltrecha y humillada; escuché como apagaron las luces.



No sé cuanto tiempo pasó, pero fue mucho, luego llegaron unos policías y mucha gente, me subieron a una camilla y me llevaron al hospital, donde me recuperé físicamente; pero ahora escribo esto porque dice el Doctor que es una terapia para recuperarme emocionalmente, espero que sirva.



 

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Commentarios

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  • Posteado el
  • 05 de Oct de 2010 - 02:53 PM
Re: VIOLACION EN UNA BIBLIOTECA
No sé de que mentes pueden salir estos relatos, desde luego de mal gusto<br />
un rato.

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