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Tema: zoomujer


  La tercera de Potrillo    
Enviado por aslex - 7703 lecturas  Enviar Relato Erotico  Imprimir Relato Erotico  

Me he tardado un poco en continuar el relato, cuestiones de trabajo pero aqui va la penultima (espero)
Algo había escuchado y visto acerca de la zoofilia, cosas que se ven en revistas, en alguna platica o en internet. No le repugnaba, y de hecho le llamó de cierta forma la atención el que hubiera personas que la practicaran, aunque tampoco le excitó de alguna manera.

Ahora le quitaba tiempo a sus estudios por buscar en internet información al respecto, vio imágenes, luego encontró relatos y después tuvo acceso a videos. Ninguno le pareció adecuado para lo que necesitaba, ella quería saber cómo lograr que un miembro tan grande pudiera penetrar a una mujer sin manipularlo y que a la vez no causara daño, y no parecía haber respuesta. Lo que leyó y vio no fue de ninguna manera ilustrativo para el caso, ella notó que las chicas que lograban introducirse miembros equinos lo hacían manipulándolos con sus manos, o sea que el caballo no participaba de manera activa, y era entendible ya que si éste, se imaginaba ella, intentase penetrar con fuerza era posible que provocara un daño significativo. Vio videos donde alguna mujer era penetrada por un poni pero eso tampoco le era de utilidad, el miembro de ese animal era grande, pero no se comparaba al de un caballo, ni al de Carlo.

Nunca fue una persona supersticiosa ni siquiera creyente, el hecho de que hubiera asumido que potrillo era Carlo renacido la asombraba aun, le era imposible suponer otra cosa aunque le pareciera totalmente ilógica. Muchas veces, luego que regresó del rancho, se dijo a si misma que aquello era una tontería, y luego que muchas veces se contradijo tuvo que admitir que realmente no existía otra posibilidad ante los hechos: potrillo la miraba de una forma inconfundible, la trataba con extremo cariño tal como la trataría un novio muy enamorado, le besaba, si, le besaba con ternura y se esmeraba en complacerla además de que esa inteligencia tan extraordinaria no tenía otra explicación.

Potrillo le obedecía en todo, le respondía con movimientos de cabeza a sus preguntas, se movía hacia donde ella le ordenaba.
Luego se sorprendió de manera mayúscula cuando recordó que él comprendía el "vamos a la casa de Sarita", o "a la casa de Don Ángel"; "Vamos al puente viejo", le dijo una vez, si, eso había dicho, estaba segura y él, Carlo, le entendió y fueron al puente viejo.

Se sentía bastante tonta por el hecho de haber pasado por esa situación y no haber entendido en el momento las implicaciones, sin embargo aun, muy dentro de sí, se preguntaba si no seria que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, y es que le parecía aun bastante increíble, por momentos, suponer que potrillo era Carlo renacido... pero si no lo era, ¿entonces todo lo ocurrido?, ¿sería acaso que su razón se veía obnubilada por el deseo de que así fuera?, ¿sería entonces que el placer que potrillo le proporcionaba, no solo cuando la besaba, sino cuando lo montaba y su espinazo le proporcionaba increíbles orgasmos, le obligaban a pensar en la reencarnación de su novio fallecido?, y si no era Carlo, ¿aun así podría alguien enamorarse de un caballo?, magnifico, hermoso, sumamente inteligente, cariñoso, fiel...y era en ese momento que su mano ya estaba manipulando su clítoris ansioso de aquellos poderosos huesos que se movían a ritmo vertiginoso cuando la poderosa máquina animal se movía entre sus piernas a enorme velocidad mientras trataba de mantenerse encima, procurando no caer, aferrándose a sus crines, a su cuello...con solo sus brazos.

Fuera o no Carlo tenía que ser suya, él no la violentaría de ninguna manera, él cuidaría de ella, ella le daría la pauta, él obedecería, él será cariñoso, cuidadoso, si, él, fuera Carlo ó no, será el mejor amante que una mujer jamás haya tenido.

Ya no buscó información, decidió que no iría con aquella chica veterinaria que le había causado buena impresión, y es que ya sabía lo que debía hacer.

Eligió un sábado 11 de septiembre para iniciar lo que tenía planeado, cerró las cortinas de la recamara, puso lubricante al consolador que había comprado el jueves en la noche y se acostó en la cama. Le había costado mucho comprarlo, hubiera deseado conseguirlo en alguna tienda en línea pero no le era posible recibirlo por causa de su horario escolar así que con todo la pena del mundo decidió ir a un sex-shop. Su cara ardía cuando entró, buscó y pidió le entregaran el consolador elegido, le ayudó bastante que una chica atendiera pero fue incapaz de levantar la vista ya que también había un dependiente. Todo tipo de ideas pasaron por su mente, al tiempo que pagaba, acerca de lo que ellos pensarían, pero cuando llegó a su casa consideró que nada de eso era de importancia: que pensaran lo que quisieran, total, para ellos ella era una persona anónima, esa revelación le fue muy útil ya que le fue necesario acudir al sex-shop una semana después.

Abrió sus piernas y se acarició la vagina suavemente sobre la braga, aun estaba un poco indecisa pensando que quizá le fuera a doler pero se armó de valor al pensar en Carlo, "¡Dios!, si le tengo miedo a esta cosa que será cuando vea venir a su cosota", pensaba mientras se hacia un lado la pantaleta para dejar descubierta su vagina y luego acercar el consolador a la entrada. Era un consolador delgado y no muy largo, lo había elegido así a propósito para evitar dañarse, deseaba ir despacio en aquello. Lo introdujo poco a poco y aunque sintió un poco de dolor no fue suficiente para que se detuviera; luego de unos segundos pudo introducírselo todo.

Lo utilizó durante 4 días, luego consiguió otro más grande.
A pesar de que iba con la intención de no mostrarse avergonzada aun le tembló un poco la voz cuando dijo al dependiente que iba a llevar ese, sin embargo no bajó la vista esta vez pero sentía que los músculos de su cara se contraían un poco, solo esperaba que no fuera de manera perceptible.

Batalló para introducirse el nuevo consolador, no tenía tres centímetros de diámetro siquiera pero le parecía inmenso por lo que la segunda vez que lo intentó pensaba en lo difícil que era su cometido final, "¿cómo le harán esas mujeres de los videos y fotos?", pensaba mientras la punta del consolador pujaba por entrar en ella sin éxito; luego de varios intentos lo logró aunque le fue muy doloroso lo que le hizo cavilar acerca de el método que estaba siguiendo, quizá no era el adecuado, pensaba, "algo estoy haciendo mal, necesito que mi vagina se abra por lo menos unos 8 centímetros de diámetro y para el paso que llevo tardare muchos meses y será muy doloroso".

"Mira pequeña, la verdad creo que estás loca, no sé, se me hace que te me estas yendo, pero ya", María Elena se sintió desolada, aunque no derrotada; buscaría a alguna otra prostituta, de alguna manera tenía que encontrar ayuda. El día anterior fue a ver a una ginecóloga pero fueron tantas las incoherencias y las frases equivocas que no le fue posible articular la idea que quería exponer por lo que decidió salirse dejando a la doctora con la boca abierta, aunque nada había entendido de lo que María quería decirle. "¿Me permite sentarme unos minutos?, luego me voy", la matrona la escrutó, "a ver, cuéntame bien tu asunto, pero despacio y detalladamente, ¡y no me escondas nada!, a lo mejor te ayudo pero quiero saberlo todo, ¿me entiendes?, todo completamente".

María Elena sintió que podía sincerarse con aquella mujer, le contó todo lo relacionado con potrillo, le contó lo que creía acerca de que Carlo había reencarnado en él, le dijo que el animal la trataba con sumo cariño, que se sentía dichosa cuando potrillo la besaba y lamía su boca, cara y cuello. Le dijo que lo que más deseaba era retribuirle todo el cariño y placer que Carlo...el caballo..., o sea potrillo, le proporcionaba. La matrona se quedó callada, no sabía si sacarla a patadas o abrazarla para consolar su llanto, "¿me estás diciendo la verdad?, ¿no eres una de esas locas psicóticas?", María Elena sacó una foto de Carlo y a continuación otra de potrillo, la matrona las miró detenidamente un buen rato, "mira niña, yo no sé nada de eso de animales y esas cosas, no es que no me atreva a hacer algo de eso, pero hasta ahora todos mis clientes son normales y a nadie se le ocurrió pedir algo así, pero si lo que quieres es que te quepa una vergota de ese tamaño a lo mejor si te puedo ayudar, María Elena se limpió las lagrimas y la miró agradecida.

"En primer lugar", le dijo la matrona, "la panocha no es como una liga que se puede estirar así nomas, necesitas abrirla poco a poco, digo, pa' lo que me dices apenas poco a poco, pero así como tú le estabas haciendo pues no estabas bien", María Elena preguntó por qué, "porque no hay pasión, nomas te querías meter cosas pero sin que estuvieras cachonda mi'ja, la panocha se abre mucho si esta cachonda, si no, no, mira, te voy a poner con clientes más o menos grandes de verga, no muy grandes al principio, pero que son buenos pa' calentar y así pues poco a poco se te irá haciendo más ancha".

Estar consciente de que tendría que tener sexo para hacer su vagina más amplia no le aminoraba la repulsión que sentía ante la sola idea, sabía que tendría que aguantar todo tipo de gente, humores, olores y sabores era lo que más temía, era una de esas personas que detestaba lo desagradable en ese aspecto de las personas,

La matrona aun la consideraba una chiflada, ¿cómo era posible que una jovencita tan hermosa anduviera con esas patrañas de reencarnación y esas mamadas? pero se dio cuenta que lograría sacarle beneficio a la situación, "tengo una chica nueva, a lo mejor y es hasta quintita, si, venga el sábado a eso de las 8 de la noche, si, ella estará aquí, ándele, si, lo espero"

Le habló a María Elena para confirmar que el sábado estaría a la hora acordada.
Los siguientes 7 sábados María Elena tuvo relaciones con 19 hombres, la matrona le eligió clientes que tuvieran fama de bien dotados y los fue citando según tamaño, de menor a mayor. Estaba feliz, María Elena no cobraba por sus servicios, los clientes estaban felices y ella ganaba buen dinero. "Oye m'ija, cuéntame bien eso de tu caballito, es que la verdad que no te había creído pero p'os ahora ya no se qué pensar, a ver, cuéntame bien"

Luego que María Elena terminó de contarle la matrona aun movía la cabeza mostrando incredulidad, "mira, yo he visto muchas cosas y pues sabido de otras, pero esto que me cuentas es lo más extraño que me han contado, te creo porque has hecho las cosas con mucho empeño y mira que la mayoría de los tipos con los que has estado no son nada agradables pero como tú me pediste que tuvieran buen aparato pues...pero bueno, casi te creo, y no te ofendas, pero es que todo esto está bien jalado de los pelos, jajajaja".

María Elena no pudo reprimir un estremecimiento al recordar lo desagradable que le resulto entregarse a todos esos hombres, nunca sintió placer por estar con ellos, nada, ni siquiera algún tipo de atracción, la única manera en que pudo soportar todo aquello fue imaginando, en cada ocasión, que era Carlo quien la penetraba, potrillo, su enorme bestia, encima de ella, con las patas delanteras apoyadas sobre algo detrás de ella, no importaba sobre qué, potrillo estaba apoyado y ella estaba encima de algo, algo que la hacía estar a la altura de su cabeza y también permitía que sus vagina estuviera a la altura de...y sus brazos rodeaban su enorme cuello y su pelo sedoso raspaba la piel de sus brazos y de sus manos y ella se agarraba de su crin y lo jalaba fuerte y potrillo empujaba un poco tratando de hallar su vagina, y la enorme punta de ese miembro por fin la encontraba y ella jadeaba al sentirla y potrillo se movía despacio para no dañarla, empujaba un par de milímetros y luego otro par, despacio, sin prisa y ella festejaba en sus adentros el haberse preparado y estar abierta...

"Señora", le dijo a la matrona cuando volvió de la ensoñación, "¿cree que ya pueda con ese muchacho que me contó que la tiene muy grande?"
"Yo creo que si, m'ija", contestó la matrona asintiendo y frunciendo la boca para mostrar su convencimiento, "¿quieres que le hable ya?"
"Si"

Era muy delgado aunque sus músculos eran visibles, no era muy alto lo que la sorprendió un poco, quizá midiera un metro setenta y es que ella pensaba que si tenía el pene grande debería ser alto, musculoso y moreno. Le pareció un poco melancólico y de mirada esquiva, "hola", le dijo ella, "hola", contestó el de manera lacónica, "eres bonita, ¿gustas un poco de tequila?", ella aceptó sin pensarlo, había aprendido que algunos hombres necesitaban beber un poco antes de tener sexo y luego de algunas veces comprendió que ella también lo necesitaba ya que le quitaba un poco la repulsión, aunque este hombre no le parecía tan desagradable, le atraía un poco el que pareciera triste, quizá hasta agobiado por algo. Estaban en la casa de él, bebieron tres copas de tequila y luego él se acercó a ella, comenzó a tocarla y pocos minutos después ya la estaba desnudando, luego se detuvo: "¿la señora te dijo que la tengo algo grande?", ella asintió con la cabeza, "ok, es que a veces algunas chicas, cuando me la ven, no quieren continuar", lo dijo de una manera tan quejumbrosa que hizo pensar a María Elena que más que una bendición su condición había sido un castigo para él.

Continuaron con las caricias aunque para ella no fue necesario, estaba ya excitada debido a que él le había ganado al enternecerla. Puso su mano sobre su entrepierna y sintió su tamaño, de verdad que es grande, pensó, pero solo estuvo totalmente consciente cuando él se quitó el pantalón y dejo ver aquel enorme objeto: era inmenso, medio erecto le sacó el aliento tan solo al verlo, "¿todavía quieres continuar?", ella asintió con la cabeza sin dejar de verlo, "¿cuánto mide?", preguntó mirándolo a los ojos, "pues ya parada mide 31 centímetros"
"Ups", exclamó ella, "¿qué?", preguntó él expectante al tiempo que mostraba cierta ansiedad en su rostro, "nada, es que nunca he visto una tan grande"
"Ah, ¿la quieres ver?"
"Si", dijo ella con el aliento ligeramente recortado, él se bajó el pantalón y la trusa y dejo ver su pene ya casi totalmente erecto, ella, hipnotizada lo miraba con la boca semiabierta, "es muy grande de verdad"
"¿Te arrepientes, quieres irte?"
"¡No!, pero se me ocurrió algo, ven, ayúdame", ella se acercó a la pared y luego recargó en ella la espalda mientras lo guiaba, tomándolo de las muñecas, hacia ella, luego lo tomó del cuello y lo acercó hacía si aun mas.

Cuando estuvieron casi pegados ella pudo saber que él no podría penetrarla sin doblar las piernas, miro en todas direcciones como buscando algo hasta que se le ocurrió algo: "vamos a poner el colchón en la pared, quiero recargarme inclinada para atrás". Él no entendía que pretendía ella, pero como no le vio intención de irse estuvo más que dispuesto a obedecer, batallaron un rato para acomodar el colchón de la cama de manera que a ella le pareciera adecuado, se acomodó con la parte superior de la espalda apoyada en la pared, la cintura, la parte baja de la espalda y las piernas en el colchón el cual era de espuma por lo que les fue posible doblarlo de la manera que ella quería, estaba completamente a su disposición, las piernas abiertas y los brazos anhelantes, "ahora sí, ven", él pensó que aquella era la posición favorita de ella, que quizá así se sintiera más a gusto, se acercó y pretendía penetrarla cuando ella lo paró en seco, "¡espérate!, déjame abrazarte primero, luego te mueves sin agarrarte con las manos a ver si me atinas, ¡no vayas a usar las manos!, mueve tu cosa nomas con las caderas y a ver si me la encuentras"

Él no comprendía bien a bien que era lo que ella quería, solo obedecía ciegamente, se inclinó hacia ella y dejo que lo abrazara del cuello mientras que mantuvo la cintura un poco más alejada de tal manera que la punta de su pene apenas rozaba sus muslos, ella lo abrazó del cuello y pasaba sus manos por su cabello el cual le pareció demasiado sedoso y ralo, "así", le decía en el oído, "así mi caballito, busca, busca mi vagina, a ver si le atinas, así, más arriba, un poco más", él se contorsionaba mientras la excitación recorría su cuerpo provocándole ligeros espasmos los cuales casi le provocan un orgasmo ya que la situación le parecía muy excitante. Por fin su pene tocó la vagina de María Elena y eso fue el detonante para que empujara con más fuerza, estaba ya bastante húmeda y el pene de él comenzó a entrar con relativa facilidad provocando en ella ligeros gritos de placer, "¡así mi caballo, así!, ¡más adentro!", decía esas palabras sin creer que salieran de su boca, sus ojos cerrados le permitían imaginar un poco que estaba con potrillo, su mente, sumergida en esa fantasía, le permitía sentir las crines del animal entre sus manos, el pelo cepillado en sus brazos y pecho y el gigantesco miembro de potrillo penetrándola, "soy una viciosa", pensaba cuando el pene de su cliente ya había recorrido la mitad del camino y aun no encontraba el final, "¡eres muy profunda!", le dijo él mientras empujaba despacio, ella solo respondió con un delicioso quejido.

"Quiero tenerte otra vez, muchas otras veces", le dijo cuando reposaban ya en el piso, su pene flácido dio un ligero respingo al recordar la deliciosa y profunda cueva de ella, "si", dijo ella, "muchas veces", mientras su vagina se contraía al pensar que se acercaba cada vez más a su objetivo.

Lunes, 03 Marzo, 2008 Añade La tercera de Potrillo en Del.icio.us Añade La tercera de Potrillo en digg Añade La tercera de Potrillo en FURL Añade La tercera de Potrillo en reddit Añade La tercera de Potrillo en MyWeb Yahoo Añade La tercera de Potrillo en ma.gnolia Añade La tercera de Potrillo en Stumble Upon Añade La tercera de Potrillo en Marcadores Google Añade La tercera de Potrillo en Squidoo Añade La tercera de Potrillo en Spurl Añade La tercera de Potrillo en blinklist      
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