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Metamorfosis FemDom Continuacion 2/6

Publicado por lamepies67 el 04 de Jul, 2008

Metamorfosis FemDom

(continuacion)



Por lamepies67@gmail.com



2. La ciudad de las Mujeres



Hoy es Lunes y estoy en mi despacho trabajando con asuntos rutinarios, suena el móvil, es Wanda, inmediatamente contesto

-A sus ordenes Señora

Se oían risitas y voces femeninas de fondo, era obvio que estaba el móvil de mi Ama en forma de “manos libres” o de autoparlante

-“Esclavo inútil, ven en seguida a la avenida…., edificio…piso…, me llamas tan pronto como legues al edificio para recibir instrucciones”



Se oyó un clic, me apresure en tomar las llaves del auto y dar una rápida excusa a la secretaria por tener que atender un asunto urgente. Mi miembro purgó por extenderse, pero las tiras del arné de cuero sobre mi pene lo impidieron, dificultando mi normal caminar por la presión que ejercía dentro del ya apretado cinturón de castidad



Había mucho tráfico y demore unos veinte minutos en llegar, aparque cerca , y con el corazón a mil pulsaciones llame de nuevo a mi Señora Wanda

-A sus ordenes Señora

De nuevo advertí que el teléfono estaba en forma de parlante abierto a juzgar por las diversas voces que se oían de fondo

- “Sube al nùmero 3-I y al pulsar el timbre te me presentas como esclavo”



¿Y como esperaba mi Señora que lo hiciera?, si bien es cierto que llevaba bajo la ropa los grilletes, el collar y el cinturón permanentemente cerrado con candados y disimulado con el traje y la corbata, ¿Cómo y donde me quitarìa la ropa?. No era posible dejarla en el auto, asi que decidí con mucho temor hacerlo frente a la puerta, rogando que el pasillo estuviera libre. Afortunadamente así fue por ser media mañana, se trataba de un edificio modesto en uno de los barrios más populares de la ciudad, donde los habitantes casi todos laboran a esa hora.



Rápidamente me quite la americana y la corbata, doblándolas en el piso junto a la puerta y puse allí también la camisa, los pantalones y las botas, únicas prendas de vestir que llevaba.



Una sensación de desconcierto y temor me invadió al concienciar que estaba casi desnudo frente a una puerta de un apartamento desconocido y sin saber que o quienes esperaban dentro. Toque el timbre a la vez que me arreglaba rápidamente las pinzas sobre mis tetillas, que pendían de la cadenita firmemente unida al colar de mi cuello.



Un ojo se asomo por la mirilla de la puerta y escuche una carcajada, pasos rápidos de ir y venir tras la puerta, y alternativamente varias sucesiones de ese o de otro ojo se asomaron por la mirilla de la puerta, las risas y murmuraciones detrás de aquella puerta me hicieron enrojecer, cuando finalmente una voz de mujer, que no era la de mi Ama Wanda, preguntò:

-Quien es, ji ji ji?



En fracciones de segundo articule la respuesta, no podia decir mi nombre real, y por la facha de esclavo ya manifiesta ante ella no tenia caso sino decirle mi nombre de esclavo:

-soy lamepies, el esclavo de la señora Wanda

-risas y de nuevo “hable mas duro, que no le oigo bien” (mas risas)

Así que tome aire y con buen tono de voz, dije despacio, no sin sonrojarme

-soy lamepies, el esclavo de la señora Wanda



La puerta se abrió y me recibió una mujer un poco mayor que mi Señora Wanda, completamente asombrada, mas bien regordeta, vestida con vaqueros y unas chancletas humildes que mostraban sus descuidados y gorditos pies. La cara no pude detallarla, pues en mi condición de esclavo debo mirar a las personas hacia abajo y nunca hacia la cara.



-“pase, Ella está al fondo en el balcón”

Me dijo sonriente y haciéndose a un lado; sentí como me seguía con la mirada mientras yo caminaba hacia el fondo del recibidor.



Me apenaba no solo mi aspecto sino que el cinturón de castidad dejaba por detrás mis nalgas desnudas, marcadas por las caricias diarias de la fusta de mi Ama Wanda.

Ella estaba sentada compartiendo con otra mujer mas joven, alrededor de una mesa, ni siquiera me miro, limitándose a estirar sus pies hacia delante, luego que dejara caer las sandalias que llevaba bajo su aposento.





Me acerque hacia mi Señora, prácticamente ignorando a sus acompañante, y me eche a sus pies, lamiéndolos con esmero para descubrir su bello color opacado por la gruesa capa de polvo y sucio que los opacaba.



El paroxismo de esa humillante situación, me transportó a un estado tal que no puedo atinar a recordar la conversación entre ellas, solo recuerdo las innumerables sonoras carcajadas.



-“llegas tarde esclavo inutil”

Dijo de repente mi Ama Wanda, cuando casi terminaba de limpiar la planta de sus pies y tenia la boca medio reseca; al tiempo que levanto de su asiento y comenzó a azotarme en el piso.



Mas con la intención de demostrar mi sumisión que por el deseo mismo de castigarme, lo cierto es que ordeno enseguida

-“eres mi y puedo usarte como quiera, saluda a la señora C como si fuera yo misma”



No podía creer que mi Ama me estuviera prestando a los pies de C, como quien presta unos zapatos para una fiesta. Dos sonoros fuetazos en mis adoloridos glúteos me arrojaron a los pies de la joven, quien sin descalzarse y tomándose la cabeza con ambas manos, en señal de incredulidad, medio estiro la pierna aplastando mi cara con su sandalia de tacón alto.



La señora C estaba bien arreglada y vestida, su aspecto elegante contrastaba con la primera dama que me recibió, intuí como se evidenció luego que aquella era la empleada o domestica y ésta la Dueña. La señora C sin preámbulo alguno blandió en el aire el látigo que le paso mi Ama Wanda y lo estrello repetidamente en mi espalda mientras me esforzaba en limpiar sus pies y sandalias mas por sumisión que por pulcritud.



Al cabo de unos instantes, ¿o será la escena se me antojó breve por el placer del gozo?, me ordenaron voltearme boca abajo y mientras el ama Wanda acariciaba en medio de una placida conversación, mi cabeza rapada y mi rostro con sus bellos pies desnudos; el Ama C hacia lo propio introduciendo frenéticamente el tacón de sus sandalias en mi año y lacerando con esas agujas mis piernas y nalgas.



Habrían pasado un par de horas mas o menos desde mi llegada, cuando la Ama Wanda sentenció



-“ya puedes irte lamepies”



Y sin mas me despidió obsequiándome el elixir de su boca en mi rostro. El Ama C se despidió pateándome mi pene erecto aprisionado por el arné de cuero, justo antes de que mi Ama me ordenara ponerme nuevamente el cinturón de castidad y vibrador en el culo. Ponerme el vibrador delante de ambas Damas fue verdaderamente degradante por las burlas de ambas:



-“que le den por el culo, a esa esclava guarra”

-“vaya, que perrita tan viciosa tenéis!”



Tuve que salir gateando en cuatro patas hasta la puerta, donde la señora que me abrió la puerta me esperaba, con mi ropa en una mano y una correa de cuero en la otra, con una burlesca sonrisa que no presagiaba nada bueno.

Y quitándose las chancletas dijo:



-“las señoras dicen que te gusta lamer los pies y que te azoten, vamos a ver si te ganas tu ropa”

Y acercó sus regordetes, manchados y olorosos pies hacia mi, que los lamí devotamente y limpie con mucha dificultad por lo descuidado que estaban, como es natural en una doméstica.



Cada correazo propinado por esa mujer en mi espalda arrancaba risas lejanas de las Señoras que seguían compartiendo distraídamente en el balcón.

Finalmente me dejo salir hacia el pasillo arrojándome la ropa encima y cerrando la puerta inmediatamente.



Una pareja en el pasillo me observo de reojo mientras esperaban el ascensor y tuve que correr rápidamente a la escalera donde me vestí lo mejor que pude, para volver a la oficina a las dos de la tarde.

La humillación, los recuerdos y mi espalda adolorida no me permitieron concentrarme en el trabajo.



Al volver a casa, como de costumbre, me esperaba mi Ama Wanda tras la puerta para acariciarme con algunos azotes, y rutinariamente como de costumbre, darme sus sobras como cena, mezcladas con su orina y encerrarme en la mazmorra amarrado y amordazado hasta el próximo día, previa flagelación con el látigo de tres colas, su preferido.



Esa noche el Ama Wanda, refiriéndose a la experiencia de la mañana, me acotó

-“mis amigas se han divertido contigo, les prometí prestarte algún día de estos”



Uno de mis deberes de esclavo consistía en atender en todo a mi Señora Wanda, sirviéndole de silla mientras se maquilla, por ejemplo o sosteniendo su ropa mientras se termina de acicalar.



También arreglar sus uñas y hacerle el pedicure, tarea esta especialmente grata para mi al tener que ablandar con mi saliva las cutículas de sus deditos y limpiar con esmero sus plantas usando solo mi lengua y labios. Claro que los resto de uñas ya cortadas debía comerlos y agradecer como si se tratase de un manjar especial, a lo cual también me acostumbre menos rápidamente. El caso es que esa tarea solía ser los jueves por la noche, cada dos semanas; pero mi Ama Wanda se atonjò que podía usarme para cobrar a sus amigas por el pedicure, sobre todo que en ese alquiler Ellas podían tratarme al igual que mi Ama Wanda, según les explicó. Es decir que podían azotarme y maltratarme mientras les lamía sus pies y les hacia el pedicure.



La cliente de mi Ama Wanda mas asidua era Mistress M, una señora no muy agradable físicamente, morena, de pies enormes y de mal carácter. Solía llegar vestida con licras y sandalias sin tacón. Se arrellanaba en el sillón y, mientras degustaba alguna cerveza me humillaba:



-“ven a lamerme, que tengo varios días sin bañarme” “quiero usarte como alfombra para limpiar mis pies”



Y en verdad, parecía que esperaba tener sus pies expresamente sucios para venir a hacerse el pedicure, mas por pagar el derecho a azotarme y ver a un hombre humillado lamiendo sus pies, que por la necesidad real de arreglar sus uñas, las mas de las veces era suficiente una limpieza profunda con mi lengua, que ella aprovechaba para introducir su pie en mi boca casi hasta el talón, a modo de mordaza para ahogar los posibles gritos de los fuertes azotes con los que me marcaba.



Mi Ama Wanda lo sabia, y lo permitía mas porque me dejaba el culo bien marcado con la fusta, cosa que ella adoraba, que por el dinero que ganaba en mi alquiler de pedicurista. Como también permitía que le hiciera luego el cunnilingus mientras ambas conversaban o se besaban cariñosamente.



La primera vez que vi a la Señora M fue en mi despacho, abrió súbitamente la puerta y se sentó frente a mi escritorio sin que le invitara si quiera a pasar, arrojo frente a mi un papel doblado al tiempo que colocaba su bolso sobre el escritorio.

Su inesperada actitud y grosería me enfado así que dije con voz cruda mientras me ponía de pie y en guardia

-Que se le ofrece?

Simplemente respondió sin sonrojarse, demostrando que conocía mi vida secreta fuera del despacho:



.”no te hagas, si lees el papel que te envía Wanda entenderás”

Prácticamente me desplome en el asiento nuevamente, desdoble el papel y baje la mirada con la turbación que la situación producía, era una invasión a la poca privacidad que me quedaba, me preocupaba los asuntos laborales, último bastión de mi masculinidad. Era solo un papel manuscrito doblado por la mitad, por lo su contenido obviamente ya era conocido por mi visitante:



Idiota, te he prestado a la Señora M, arrójate a su pies e implora misericordia, deberás acataras sus ordenes como si fuera yo. Tu dueña Wanda.

Me levantè sin decir nada, evidentemente nervioso, le di la vuelta al escritorio parándome frente a la silla de mi visitante que por momentos pareció confundida, me arrodille frente a Ella y comencé a besar su enorme y feo pie, mas sucio y maloliente que los de mi Ama Wanda.



Pude notar cierto alivio de la visitante y una sarcástica sonrisa, me dejo unos segundos en el afán de besar y descalzarla para interrumpirme secamente



-primero te desnudas y luego me limpias bien los pies”



Obedecí, mientras me quitaba con cuidado la camisa, dejando entrever el collar de sumisión bajo ella y las pinzas en mis tetillas, oí un “vaya quien lo hubiera creído”. Mientras me quitaba el pantalón le comunique por el teléfono a mi secretaria, “por favor no me pases llamadas ni me interrumpas que estoy en una junta muy importante”



La Señora M se reía mientras sacaba del bolso un pene de plástico y lo lubricaba con gel.



Me hizo dar varias vueltas por el despacho para admirar las cicatrices de las azotainas recientes y examinó las prisiones unidas con candaditos en mis tobillos y muñecas; de alguna forma su admiración me hizo sentirme muy orgulloso y le dio sentido a ese cuadro kafskiano que se estaba desarrollado en un despacho de ese importante lugar.



Asi que me afane y puse lo mejor de mi en lamerle uno a uno los dedos de su pie, en recorrer sus entrededos quitándole la tierra acumulada, en recorrer su empeine y talón con mi lengua una y otra vez hasta que las zonas mugrientas y negras se volvieron grises y luego desaparecieron, en absorber y tragar todo el sucio pegajoso y en casi tragarme entero aquel pie enorme, arrancándoles suspiros a la Dama que me visitaba.



Estaba echado en el piso bajo ella, de vez en vez advertía que se mordía los labios y que aquello le excitaba lo bastante como para masturbarse frente a mi con el falo plástico que llevaba (creo que quería usar uno de verdad, pero se percato que el mió estaba cerrado con el cinturón de castidad). A mi me resultaba también excitante por lo degradante y humillante de la situación, y porque aquellos enormes pies sucios continuamente me pisaban el rostro.



Ya había dejado lustroso uno de los pies de la Señora M, cuando ella alcanzó su frenesí. Y aun faltaba el otro, continué con esa tarea y escuche

-“le estoy agradecida a la Señora Wanda por prestarte, le llevaras este regalo de mi parte”



Y súbitamente sentí como apartaba la tirilla del cinturón de castidad de entre mis nalgas, me retiraba el pequeño vibrador que llevaba puesto y me introducía aquel enorme falo de plástico en mi culo, lamí entonces su pie con mayor frenesí y ella prosiguió metiendo y sacando rítmicamente hasta que vio que tenia ambos pies relucientes. Yo tenía la lengua cansada, la garganta seca y mi culo seguramente roto, a juzgar por el intenso dolor de la violación de la que había sido objeto.



La Señora M se paro, pisando mi cara con ambos pies y sacó una fotografia. Luego de lo cual se retiro dejándome en el despacho, cansado, humillado, violado y aturdido. Comprendí entonces que si mi Ama wanda podía prestarme entonces era no solo su esclavo y sirviente sino también su objeto.



Al entrar de visita alguna amiga de mi señora Wanda, debía inclinarme y besar sus pies o sus zapatos. Traerles algo de tomar y permanecer en una esquina de rodillas con las manos atrás y el mentón pegado del pecho, cabizbajo en señal de sumisión en espera que me llamaran, con órdenes cortas y precisas de Wanda o del resto de las señoras.



-“cigarrillo”, suponía acudir pronto en cuatro patas hasta la mesa de centro, tomar un cigarrillo y presentarselo de rodillas a la señora que lo pidio y encendercelo, cosa que usualmente agradecian bien con una caricia en mi rostro en forma de bofetada o con una patada como era el caso de la Señora M y de mi ama Wanda.



-“Cenicero” significaba que acercarme y abrir la boca para recibir las cenizas y esperar a su lado hasta que culminara de fumar. Durante las visitas, era liberado de la mordaza y del cinturón de castidad para que las Señoras jugaran a su antojo con la boca, el pene o el culo del esclavo.



Mas difícil era la orden de “servicio!” que de ordinario era a gritos, en ese caso acudía presto en cuatro patas hasta el servicio, para lamer los restos de orina de las señoras y en ocasiones darles placer alli mismo en el lavabo.



Si la llamada era de “lameculos” o “comemierda” se trataba de limpiar su ano y la raja de su culo. Tarea a veces muy desagradable pues no se trataban de bellas doncellas y esbeltas figuras, mas bien de glúteos fofos y regordetas que casi me ahogaban haciéndome tragar su caca.

con mi lengua



La presencia de una o mas amigas de Wanda era excusa para azotarme, donde se turnaban para usarme bien lamiendo sus culos, sus pies o su entrepiernas, mientras la acompañante me fustigaba con el látigo. Esos ejercicio servían para reafirmar la supremacía femenina.



Cuando no me utilizaban, igualmente me hacían participe de la escena, bien acurrucado bajo alguna de ellas como sillón, como taburete o como centro de mesa, y de cuando en cuando pisaban mis manos, mis pies o introducían cualquier objeto en mi culo o en la boca de su lamepies.



Era inevitable, que mi pene, sin el cinturón de castidad, mostrara cierta erección o goteó de semen por la excitante situación de ver aquellas dAmas medio desnudas, jugando entre ellas o excitándome con sus pies.



Aquello se consideraba una falta, que nunca he podido dominar. Así que inevitablemente siempre era castigado por ello. Una veces se turnaban entre si para fustigarme el trasero hasta que el dolor descendiera la erección, o me tendían en el piso amarrado y derramaban cera caliente directamente en mis genitales, entre espasmos y mis gritos rápidamente ahogados con algún zapato o pie introducido hasta el fondo de mi garganta. Otras veces simplemente me azotaban el miembro con el “látigo de 9 colas” que para soportarlo me ataban al poste y me amordazaban. Ese tormento deja un dolor intenso por varios días y evita la erección durante un tiempo similar.



En muy raras ocasiones fui usado como pene masturbador por alguna de las dAMAS, obviamente no se me permitía correrme y cuando estaba muy excitado, entonces flagelaban el miembro erecto. En todos los casos bien que fuera una boca o un pene masturbador, se recompensaba mi faena con mi violación. Para ello una por una me violaba a punta de látigo con vibradores diversos incluso eléctricos mientras lamía sus pies o sus culos. Incluso mientras otro falo artificial colocado en la cintura de alguna de Ellas me atragantaba en un interminable mete-saca.



Cierto día en mi despacho recibí por teléfono la orden de Wanda, como siempre, con la brevedad y la crudeza que acentúa la dominación sobre mí:

-“Esclavo: vas limpiar los pies de la Señora G… a las 6.00 en la rambla… número 4-D.” clik



Al llegar al sitio me encontré con un señor de aspecto jovial y unos treinta y mas años quien me abrió la puerta, afortunadamente no se me dijo que fuera como esclavo por lo que mi aspecto trajeado era normal.



Cuando le dije que venia a limpiar para la señora G, se sonrió y me hizo pasar. Allí estaba la señora G, de aspecto angelical y de edad similar, me miro de arriba a bajo y sin más me expetò:



-“Sácate la ropa y arrodíllate en el rincón mirando a la pared”

Fue tan directa como mi Ama Wanda así que no vacile en obedecer pese a la presencia del hombre.



Se acercó y me vendó los ojos, atando mis muñecas entre si y uniendo las prisiones de mis tobillos. Me acaricio la entrepierna y con una llave, que evidentemente se la suministro mi Ama Wanda me saco el cinturón de castidad dejando mi miembro erecto chocar con la pared. También retiro de mi culo el vibrador y me lo introdujo en la boca. Palpo mi espalda clavando las uñas en diversas partes, haciéndome estremecer hasta erizarme como la “carne de gallina” .



Sentí de vez en vez un clic y percibí el resplandor de algún flash fotográfico.

Luego la señora G comenzó a azotarme y arrastrándome hasta el centro de la habitación me colocó una mordaza de doble falo, firmemente ceñida por detrás de la cabeza, de modo que tenia metido una especie de falo casi hasta la garganta y a la vez sobresalía de mi boca una prominencia fálica, típica de los vibradores dobles usados por las lesbianas.



Me puso de rodillas y hube de penetrarla con aquel instrumento, el olor y los líquidos lubricante de su sexo entraban a raudales por mi nariz, casi ahogándome y bañaban mi cara de con esa gelatinosa mezcla de efluvios vaginales y gel lubricante. Ya me había olvidado de su acompañante, quien tomaba fotos de todo.



Entonces paso lo peor, fui literalmente obligado por los golpes de la fusta de la señora G sobre mi espalda, a penetrar también con ese instrumento el ano del hombre que me recibió en la víspera. Estaba siendo usado como un vibrador!, como un objeto personalísimo de la Señora Wanda, que podía facilitarlo a quien quisiera. Y era así porque mi pene, de tamaño y grosor nada despreciable no había sido empleado en absoluto, en suerte de castidad forzada por el arné de cintas de cuero que permanentemente lo amarraba.



Luego de ese preludio, me dejaron atado en el rincón mirando hacia la sala, arrodillado. Y fui testigo del frenesí amatorio entre ambos, de suspiros y jadeos, con mi pene que goteaba cual grifo dañado.



Finalmente ceso toda actividad en la habitación y al rato notaron que aun estaba allí, arrinconado como vibrador apagado y actuaron en consecuencia.

La señora G fue la primera en hablar:

-“Tu Ama Wanda quiere una bellas fotos a cambio de tu uso como vibrador humano”



Y acto seguido fui amarrado a una silla, donde Ama G me violo por la boca y por el ano repetidas veces, tantas como poses fotográficas fueran posibles.

Estaba exhausto cuando dijo:

-“Esta bien pero aun no mes limpiado mis pies”

Y haciendome tender en el piso, acerco sus pies a mi rostro, ordenándome que los lamiera y me masturbara mientras tanto.

Me disponía a hacerlo cundo me detuvo



-“espera hay que ponerle salsa, para que te sepan mejor”

Y tomando un preservativo, recientemente usado por su pareja fotógrafa, se embadurno de semen ambos pies, y comenzó a introducirlos en mi boca.

Acostumbrarse a tragar su semen propio es una cosa, pero el de otro hombre me resultaba repulsivo. Debió notar mi resistencia porque añadió

-“Si no los lames con placer te cojera êl directamente”



La sola posibilidad de ser sodomizado por otro tipo venció mi resistencia y acabe saboreando con disgusto aquellos bellos pies embarrados en semen ajeno, de veras su sabor no era distinto al mió, quizás más fluido y menos salado. Cuando eyacule la Señora G me soltó un sonoro latigazo y comenzó a restregar sus pies en mi semen, para luego hacer que se los limpiara nuevamente hasta la última gota.

Me arrojador la ropa encima y casi a empujones la Señora G me llevó hasta la puerta, aun desnudo y con la ropa en la mano, además del cinturón de castidad, mi vibrador anal y el arné.



-“Puedes irte putita, ya le pagamos a tu Dueña”



Estas jornadas de supremacía femenina fueron el preludio de una completa sumisión a mi Ama Wanda, cuya imaginación desbordaba mis las lujuriosos sueños y fantasías.



Tal es el caso de la señora C, con la que mi Ama Wanda compartía ciertas intimidades, luego de aquella jornada en la que tuve que lamer sus sandalias y que narre al comienza de la jornada segunda.



Es el caso que visito a Wanda varias veces y en un ocason se quedaron juntas en casa. Obviamente eso no era obstáculo para que mi Señora Wanda rompiera su rutina conmigo, asi que no solo presenciaba sino que ayudaba en las ya conocidas rutinas diarias a saber



5:45 llegada del esclavo de sus labores económicas diarias para su Ama Wanda, recibimiento con algunos pocos azotes y lamida de sus pies



6.00 colocación de enema del esclavo, baño con manguera, cepillado y tiempo para que se depile



7:00 atender sus visitas, como en este caso y juguetear con la Mascota lamepies



8:00 Hacer y servir la cena, y degustar las sobras en un rincón, en este caso la sopa de esclavo fue elaborada con el orine de la Señora C



9:00 Atender a la Señora en el lavabo y distraerla antes de la hora de dormir bien como lameculos o como mamador.



11:00 Azotaina e inmovilización nocturna en la mazmorra



6:00 Despertar con los azotes de la Señoras





(continuara: jornada tercera )

lamepies67@gmail.com



¿Fantasía o realidad?

El FemDom y el BDSM es creativo e inteligente, juzga Tu amigo lector, donde comienza en esta historia la primera y donde acaba la segunda.





 

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