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Exhibicionismo

Publicado por Anonimo el 12 de Oct, 2017
revisado por: SexoSinTabues Relatos Eroticos


Siempre tuve la fantasía de exhibirme vestida, cuando la ocasión se presentó, no la desperdicié.

Aunque para mi esposa, el asunto travestista no era de su completo agrado, tampoco lo rechazaba.
Ya habíamos tenido experiencias diversas, con sus amigas y con uno de sus amigos.
Encuentros sexuales en los que yo me hallaba vestida y sosteníamos relaciones sexuales intensas.


Una noche, mientras ella se encontraba ocupada leyendo o que sé yo, me apresuré a entrar en la recámara y sin que me viera me puse de nuevo su ropa, ahora yo había comprado juegos de lencería más que para ella, para mí.

Ella lo consentía y disfrutábamos con aquellas experiencias.


Esa noche escogí una delicada tanga negra, medias, bra y tacones del mismo color.

Me coloqué una de sus blusas y una falda corta, un cinturón metálico y me pinté la boca.


Fui a encontrarme con ella en otra habitación.

-Hola, -saludé.

Ella me miró y su sorpresa mostró desagrado pero también algo de excitación.

-¿Que haces? ¿Por que te vistes?
Le dije que me gustaba mucho.
Que quería hacer algo.

Ella preguntó que cosa más allá quería hacer.

Respondí que quería que saliéramos en el auto, yo así vestida y que ella se quitara la ropa interior por lo menos y llevara falda y blusa encima.

Me preguntó que para qué quería yo hacer aquello.
Le dije que había visto una calle larga muy oscura y poco transitada.
Que mi idea era llegar allí en el auto, que se estacionara y que yo bajaría del auto y caminaría toda esa calle así vestida.
Que mientras tanto ella me miraría desde el coche.

Ella lanzó un suspiro como de desgano y mi excitación por nada se va al caño.

Me levanté la falda y le mostré mi erección debajo de la tanga.

Ella me acarició y dijo que estaba bien que fuéramos pero que le parecía muy arriesgado.

Eran cerca de las once de la noche, yo advertí que no habría gente y que sería excitante.

Ella se sacó la pantaleta y el bra.
No resistí y acaricié sus tetas que siempre me gustaron mucho.

Subimos al coche y en cuanto arrancamos me subí la falda y me acaricié el cuerpo lentamente.

Ella comenzó aunque a ritmo lento a excitarse también.

Le indiqué el camino, no era muy lejano.

Para mayor suerte, parte del alumbrado público estaba apagado o fundido.

Le dije donde estacionar.

Ella lo hizo y le pedí que apagara las luces del coche.

Miré para atrás y para adelante.
-Éste es un lugar perfecto, podré caminar hasta la esquina, tu vigilarás que nadie venga.
Si alguien lo hace tocas el claxon así podré esconderme o por lo menos disimular.

Abrí la puerta y sentí como la adrenalina invadía mi cuerpo.
Ella sonrió.
Cerré la puerta con suavidad para no hacer mucho ruido.
Caminé.
Llegué a la esquina y la excitación hizo que sintiera sangre en todo el cuerpo.
Estando allí, me quedé un rato mirando hacía la calle contigua.

Regresé al coche, abrí la puerta y me quité la falda y la blusa.
Mi esposa casi me gritó: !Qué haces¡
Quiero que me veas caminar así, como toda una puta.

Cerré de nuevo la puerta y caminé así.
En ropa interior, en verdad la sensación fue inigualable.
El temor de que alguien pudiera verme me hacía temblar, caminé pero ahora no me atreví a llegar hasta la esquina.

Bajé la banqueta y me coloqué entre dos árboles para evitar que algún automovilista o peatón me pudieran ver.
Me acaricié el pene y las tetas.
El aire era fresco y me acarició el cuerpo de una manera deliciosa.

Cuando estaba extasiado, escuché un breve sonido.
!Era el claxón¡ sentí que el corazón se me saldría.

Me moví despacio hacía la banqueta.
Una silueta se movía hacía mí, no había donde esconderme.

Descubrí que era un hombre.
No era un policía y caminaba despacio, decidí que tal vez podría exhibirme, o mejor tratar de esconderme detrás de uno de los árboles.

Escogí lo segundo, pero el hombre de todas maneras advirtió mi presencia y me miró.

Se detuvo unos segundos que yo aproveché para moverme hacía el coche.
El hombre se quedó mirándome.
Bajó de la banqueta para verte mejor, mientras yo me alejaba me llamó.
-Ven, déjame verte.

Por alguna razón que desconozco le obedecí.
Regresé.
Él me miró y dijo que me veía bonita.
Dio la vuelta y regresó a su camino.
Me temblaban las piernas, los latidos de mi corazón me ensordecieron.
Llegué al coche y mi esposa estaba atónita pero también reía.


-Te vieron- dijo
-Si y me gustó mucho.
Casi se me sale el corazón.

-Hazlo de nuevo -me pidió ella.

Me dijo que quería verme otra vez hacer eso, que primero la había asustado mucho pero que estaba muy mojada por la excitación.

Bajé de nuevo del coche y volví a caminar, solo que ahora si lo hice hasta la otra esquina, sentía la tanga que me tocaba el ano y dividía mis nalgas, sentía también los tacones y el ajustado brasier.
Sabía además que mi esposa me miraba, la excitación era grandiosa.
Me aventuré y crucé la calle y subí a un camellón.
Regresé casi de inmediato, un automóvil pasó y frenó un poco.
El chofer me miró y pude ver como sus ojos casi se salían de sus órbitas.
Aquello me puso a mil.
Le di la espalda para que viera mis nalgas, él se detuvo, giré para que pudiera verme de frente, sus ojos se posaron en mi pene.
Caminé de regreso y él chofer se retiró lentamente.

Subí al coche, ella se tocaba entre las piernas y con la mano guió mi cabeza hacía su entrepierna.
Le lamí y sentí sus jugos.
Mientras yo hacía esto, paré mis nalgas y ella pasaba su dedo despacio acariciándome, apretaba el lugar el el que estaba mi ano cubierto por la fina costura de la tanga.
Hizo más presión, casi metía el dedo por encima de la tela.

-Quiero cogerte, eres bien puta.
-Gimió ella.

Yo seguía chupando pero con una mano separé la tanga y le dije que me cogiera.

Ella así lo hizo y me introdujo su dedo.
Ella se detuvo de golpe.

Una persona nos miraba.
Yo le dejé ver mis nalgas paradas, alcancé a ver que era un hombre.
Solo se detuvo unos segundos y se fue.

Regresé a mi oral labor.
Ella introdujo de nuevo su dedo en mi agujero de placer.

Yo casi gritaba, -Cógeme, -cógeme.

Ella se vino en mi boca y me pidió que regresáramos a la casa.

Yo me disponía a ponerme la falda cuando ella me detuvo y me dijo que me fuera así.

En alguna calle un transporte que aún daba servicio se nos emparejó.
Pude notar que un par de hombres alcanzaron a ver mis piernas y el bulto entre ellas que asomaba por entre mi ropa interior femenina.

Ella me dijo que quería que me vieran, que vieran lo puta que era.

Al llegar a la casa de nuevo me dispuse a vestirme y ella me dijo que bajara así.

Entramos a la casa, fuimos a la recámara y ella sacó de un cajón en el que guardábamos nuestros juguetes, un dildo que me encantaba.

Me hizo poner otro vestido y me pintó los ojos y de nuevo la boca.

Se colocó detrás de mí y empezó a mover su pelvis detrás mío como si me cogiera.

-Tócame las tetas, soy tu puta -dije yo.

Ella me acarició de una manera muy delicada y perversa.

Me hizo poner en cuatro, sacó un pequeño fuete y me azotó en las nalgas de manera deliciosa.

Yo separé mi trasero, ofrecí mi ano a los azotes, ella comprendió y sin que yo le dijera nada más me dio unos cuantos azotes entre las nalgas.
Yo gozaba mucho.

Luego se colocó detrás de mí pero ahora estaba desnuda, me retiró el vestido y pude sentir su vello púbico que hacía presión en mi trasero.
Un placer indescriptible.
Jalaba mi cabello y hacía como que me cogía.
-Puto, puta, -me dijo de todo y esas cosas nos encendieron aún más.

Tomó el dildo y con gentileza hizo presión contra mi ano.
Se abrió despacio y el dolor era placer, de nuevo dolor y de nuevo placer.

-Me gusta la verga, dámela, la quiero, me encanta que me cojas -gemí.

Ella me dio un buen rato, hacía esto con una mano mientras que con la otra pellizcaba mis pezones y masturbaba mi pene.
En algún momento apretó mis testículos y me acarició detrás de ellos.

La puse boca arriba y la penetré.
Ella se vino casi de inmediato, me apretaba muy fuerte el pene, era una delicia.
Se acomodó de tal forma que me metió dos dedos por atrás mientras yo la seguía cogiendo.
Mi verga se endureció más y ella lo percibió y gimió.
Le di muy duro y pasado poco tiempo se vino otra vez.


Ella me pidió que se la metiera en la boca.
Me apoyé sobre mis rodillas y se la di en la boca.
Ella me metió de nuevo el didlo, no aguanté mucho y me vine en su boca.
Ella me obligó a ponerme boca abajo y soltó mi semen de su boca entre mis nalgas.
Tibio, delicioso resbaló.
Ella jugó con sus dedos entre los líquidos y mi trasero.



 

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Commentarios

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  • Posteado el
  • 13 de Oct de 2017 - 12:50 AM
Dos locos lindos.
5frutillitas.
para estos.
dos loquitos:
  • Posteado el
  • 15 de Oct de 2017 - 08:02 AM
Muy interesante, gracias por el relato.

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