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Cogiendo con el esposo de mi tia

Publicado por Anonimo el 05 de May, 2010

Hace mas de un año me fui a vivir con la tía susana, quien tiene un marido medico. Durante un examen ginecologico tuve relaciones sexuales con él.



No se como relatar esto que me sucedió hace poco más de un año. Llamenme Jeny de 20 años. Vine a vivir con la tía Susana a una ciudad del norte del país, con el fin de seguir mis estudios universitarios. La tía se casó con un médico de nombre Roberto, a ambos les va muy bien aquí economicamente hablando, viven en un residencial muy bello y aún no tienen hijos. Desde que llegué el año anterior, el esposo de mi tía no me quitaba los ojos de encima, al principio crei que era por ser buen anfitrion y atento, pero luego me di cuenta que había algo más.



Mi cuerpo es delgado bonito, soy alta, cabello oscuro, piel trigueña, ojos grandes, tengo una cintura de avispa y luego se ensancha en una bonitas caderas, mis piernas son largas pero bien hechecitas, mis bubis son pequeñas y mis nalguitas también, pero bien diseñadas para mi cuerpo delgado. En el caso del esposo de mi tía, el es fornido, grueso pero no con estomago, con barga tipo candado, muy alto, talvez 1.85 mt. Su especialidad pues es la ginecología.



Roberto se portó siempre muy atento conmigo, atendía casi todas mis necesidades (dinero, me prestaba su vehiculo, nos sacaba a comer con mi tía frecuentemente), siempre hacía todo por agradarme. Mi primer sentimiento hacia él fue paternal, ya que cuidaba de mi, que no me faltara nada. Creo que me fui dando cuenta que sus atenciones eran otra cosa, cuando me llevó a un concierto de un grupo de Rap que a mi me gusta (mi tía no fue porque no le gustaba ese tipo de música). En el concierto había mucha gente, asi que él se puso atrás de mi y poco a poco me fue abrazando por atrás, al principo lo vi normal, como para protegerme de tanta gente, pero poco a poco fui viendo y sintiendo que sus manos me tocaban por turnos todas las partes de mi cuerpo, además me presionaba hacia su paquete, el cual fue creciendo entre sus piernas. Yo podía sentir su aliento en mi cuello y me fui poniendo incomoda, pero conforme pasaba el tiempo me fue gustando, parecíamos dos enamorados acariciandose prohibidamente.



Hubo un momento que se frotó tanto contra mi, que pude sentir su paquete duro debajo del pantalón, el cual se friccionaba contra mis nalgas, yo podía sentir bien su tolete, asi también me abrazó fuerte que sus brazos apretaban mis senos, parecía que estabamos haciendo el amor con la música, no puedo negar que me excité, mi respiración subió de ritmo y a él también le sucedió lo mismo. Cuando terminó el concierto y caminamos hacia el parqueo de vehiculos, le pude ver un halo redondo y húmedo en sus pantalones, Roberto había tenido una eyaculación. El trató de cubrirse primero y luego derramo cola sobre su pantalón para usarlo de excusa, pero yo me di cuenta previo a eso. Eso no fue todo, cuando me fui a mi habitación ya en la casa, mi calzoncito también estaba impregnado de un liquido viscoso, eso era también mi eyaculación, es decir me había mojado también. Esa noche me metí dos dedos en mi cuquita pensando en Roberto y me masturbé pensando como sería hacer el amor con él. En ese momento no tenía novio y cabe decir que yo no era virgen, ya había tenido relaciones con un par de chicos.



Continuando, la relación entre Roberto y yo se fue poniendo cada vez más candente, me solía abrazar por todo, más cuando no estaba presente la tía Susana. Y yo cada vez tenía fantasias de tener algo con Roberto; el morbo de que fuera el esposo de mi tía era un rico ingrediente y excitante, pero en la realidad no me atrevía ni a decirle nada.



Sucedió que un día amanecí con un dolor en el vientre, como Roberto es médico se lo conté, me dijo que lo visitara en su clinica, me dió la dirección y la hora en que me atendería, como lo vi normal, le dije que alli estaría.



Llegué a su clinica como a las 6 pm, cuando entré no vi a nadie, al parecer había dejado de atender, sin embargo Roberto salió y me dijo que entrara en su clinica, el cerró la puerta con pasador, lo cual me causó dudas. Ahora estabamos solo él y yo, la clinica era pequeña, un escritorio, un par de gabinetes con medicina y una larga camilla.

-Cuéntame de tu dolor!- me dijo. Yo le conté todo y señale por dondo era, abajito del ombligo. Al preguntarme cuando me había hecho algun examen ginecológico, le dije que nunca. Entonces hay que hacerte uno completo, me dijo.



-Quitate la ropa!- yo lo vi a los ojos con precocupación, -te voy a examinar de forma completa- me repitió.



-donde??- le dije viendo a mi alrededor por un lugar donde poder hacerlo. –Aquí Jeny, no tengas pena, yo soy tu tío político-

-Me quité la ropa, que consistia en una camisa y un falda, me quedé en ropa interior, un sujetador pequeño y mi calzoncito tipo bikini. Yo vi los ojos de Roberto y no eran de un médico en ese momento. Le iba ojos de hombre y de pervertido.



-Voy a examinar tus senos primero, quitate el sujetador-, me voltee y lo desabotoné, mis pequeños senos quedaron desnudos. –Ven aquí, levanta primero el brazo derecho- me dijo. Lo levanté, el se acercó y comenzo a palpar mi seno derecho, lo masajeó y sus dedos frotaron por un momento mi pezón, este se puso erecto, lo cual me dio vergüenza, primero y luego unas cosquillas excitantes.

-Ahora el brazo izquierdo- me volvio a decir. Hizo lo mismo incluyendo la parte en que frotó mi pezón. No se si era mi imaginación, pero el bulto entre sus piernas se notaba erecto debajo de su pantalón blanco.



-Ahora quitate el calzón!- me dijo ordenándomelo. –ahh y los zapatos también!- Roberto se volteó como para preparar algo en un gabinete, mientras lo hacía me despojé de mi calzoncito y luego de mis zapatillas, quedé en cueros completamente, mis manos taparon mi vulvita rasurada, con un solo hilo de pelitos púbicos. Yo sabia que todo esto no era normal, algunas veces me contaban que el médico da una bata para taparse, pero Roberto no me daba nada, el queria que estuviera desnuda frente a él.



Cuando Roberto se volteó, se me quedó viendo unos segundos de arriba a abajo, -ohh dios!, eres muy bella Jeny-, yo sonreí un poco, pero apenada, entonces él se acercó y me tomó por los hombros, luego me abrazó como lo hacía frecuentemente, solo que ahora yo estaba desnuda, -no te apenes!, todo va estar bien, soy médico-, diciendo eso y sus manos me abrazaron por la cintura muy cerca de mis nalguitas.



-Recuestate!- y me señaló una camilla.

-Necesito una bata, verdad?- le pregunté.

-No es necesario-, asi que me acosté en la camilla, siempre poniendo mis manos sobre mi vulva para taparla. Roberto se puso unos guantes blancos, luego una gel en sus dedos.

-Te voy a hacer el papanicolau! Esta bien?-, yo asentí con la cabeza. Su mano retiró las mías de mi vulvita, sus ojos parecieron que se le salian de sus orbitas, su boca se llenó de saliva. Luego me pidió que abriera las piernas, lo hice lentamente.



Sentí un sensación fría en mi vulvita, sus dedos inspeccionaban mis labios vaginales. Nunca me habían hecho ese exámen, asi que no sabía que le hacían a las mujeres. No sabía que era lo correcto.



-Si te duele, me avisas!- me dijo Roberto.

Sus dedos abrieron mi puchita de par en par, yo sentía que mis labios vaginales eran abiertos por sus hábiles dedos, yo cerré los ojos. Sentí uno de sus dedos abrirse paso e ingresar en mi vagina, el gel que se había él echado facilitó eso. Su dedo era grueso y pude sentir que lo metía hasta el fondo. Yo pujé por no gemir.

-Te duele??- me preguntó. –No!- le respondí.



Al cabo de unos segundos un segundo dedo me penetró la cuquita. Me mordí los labios para no gritar, luego Roberto comenzó a moverlos dentro de mi vagina, primero los movia lentamente como si fueran tornillos, pero luego su movimiento era hacia adentro y hacia fuera, como cuando yo me masturbaba, lo hacía con determinación, yo sentía también que en ocasiones los sacaba y los metía de nuevo, como lo hace un pene. Eso me fue poniendo cachonda, y además me excitaba la idea y pensar que estaba a solas con Roberto y sus dedos estaban dentro de mi cuquita. Por un rato sacó sus dedos, yo quería que aún no los sacara. Y mi deseo fue cumplido porque un minuto después los volví a sentir como entraban en mi puchita, creo que me mojé un poco, pero sentí algo diferente esta vez, abri los ojos y vi que Roberto se había quitado los guantes, me estaba penetrando la vagina sin ellos!!, eso era ya demasiado, ahora sentía entrar y salir sus dedos como pajeándome la cuquita. Sentí un toque electrico en toda mi espalda, me estaba excitando abrumadoramente, tuve que morder mi puño para no gritar y gemir de placer.



-Jeny estas muy mojadita!- me dijo levantando su rostro, luego sentí que sus labios besaban mis piernas, fue bajando y luego sentí su lengua recorrer mis muslos, sus dedos no dejaba de moverse en mi puchita, una gran eyaculación lubricante bajó por mi vagina e impregnó los dedos de Roberto de nuevo.



-Roberto, Roberto, que me haces?- fue lo último que pregunté coherentemente. Sentí que él sacó sus dedos y sus manos se aferraron a mis pantorillas y me abrió más las piernas, luego su rostro se perdió entre mis piernas. Pude sentir su lengua caliente y mojada en mi cuquita, la pasaba por mis labios vaginales como lamiendo un helado, por la hendidura de mi vagina hasta llegar a mi botoncito del clítoris. Cerré los ojos del placer y de la excitación. –ooh Roberto, oohh Roberto!- decía yo a cada instante. Su lengua se desplazaba a placer sobre mi coñito, comiendolo y usando para ello todos sus labios y boca, en ocasiones bajaba más para hacerme pequeños circulos en mi ano, eso me transportaba a una placer inmenso, del cual no quería regresar.



No se cuanto tiempo estuvo mamando mi puchita, pero fue largo, llegué al menos a un orgasmo brutal asi. Entonces viendo que me tenía en su poder totalmente, él se puso de pie y mis pies los puso en su pecho, intuí que me penetraria, sentí su pedazo de carne jugar contra mi vulvita y en la entrada de mi vagina, luego lo detuvo y su pene fue metiendose en mi puchita, gemí fuerte para recibirlo. Su verga estaba durisima, y claramente sentí que era grande, más grande que la de mis anteriores novios. Sentí cuando se deslizó hasta lo más profundo de mi cuquita, sentí su vellos púbicos tocar mi vulva y mis muslos, era señal que ya la tenía toda adentro. Luego comenzó a cogerme con bombeos largos y fuertes. Roberto gemía y pujaba cada vez que me embestía con su verga. Mientras me cogía iba quitándose toda la ropa. Yo ya no aguantaba más placer y me corrí interminablemente, grité y gemí todo ese rato.



Cuando terminé, Roberto sacó su verga de mi puchita, camino hacia donde estaba mi rostro y me pidió que se la chupara, allí la vi bien por primera vez, y si era una verga enorme, gorda y con gruesas venas que sobresalían, la tenía apuntando al techo, me puse de lado siempre sobre la camilla, la tomé con los labios y la empecé a mamar desesperadamente, victima de la pasión, metiendola y sacándola de mi boca. Lo primero que sentí al mamarla, fueron mis propios jugos vaginales y algo amargo diferente, tendría que ser el gel que él se había puesto en los dedos cuando me penetró la cuquita.



Me tomó de la cabeza y ahora el se puso a mover su pene en mi boca como si la estuviera follando, sus manos registraban mis nalgas, mi puchita y tocaba también mi ano.

-Eres muy bella Jeny!- me decía a cada momento. Para ese entonces mi puchita era una sopa de lo mojada que estaba y me encantaba tener su pene entrando y saliendo de entre mis labios y boca.



Al rato me pidió que me bajara de la camilla y me apoyara sobre ella, me levantó una pierna y puso mi rodilla también sobre la camilla, se puso atrás de mi y me volvió a penetrar la vagina, yo estaba tan excitada que gemía cada vez que me embestía su vergota, yo miraba lucecitas y mi corazón latía a mil revoluciones. Sus manos se apoyaban en mi cinturita y cada vez me atravesaba con más fuerza mi puchita. No tardé en ofrecerle otro rico y largo orgasmo. Luego me la sacó y ahora el se subió a la camilla y se acostó boca arriba, me indicó que me subiera y me pusiera sobre él, era claro que quería que le cabalgara la verga. Me subí rapidamente y tomé su pene y lo dirigí hacia mi puchita, me la clavé yo misma y luego me puse a montarlo como si fuera un toro, pude sentir todo lo largo de su verga dentro de mi cuquita, llegó su verga hasta el mero fondo de mi vagina. Grité, me quejé y no dejé de moverme sobre semejante pedazo de carne, dije no se que cosas gimiendo y me volví a venir, gotas de sudor llenaron mi frente. Yo solo veía que él ahora mamaba insistentemente mis pezones erectos. Que rico me cogía Roberto.



De nuevo se volvió salir de mi puchita. Me volvió a decir que me subiera a la camilla y ahora quería que me pusiera en cuatro, con la colita hacia abajo, él se puso atrás de mi y sentí lo frió de la crema gel del inicio, solo que ahora me la puso en mi ano, ahora sabía lo que pretendía, metermela en mi culito. Hasta ese momento yo era virgen de ese orificio. Roberto se puso por detrás –hazmelo despacio!- alcance a decirle, a pesar que tenía miedo de la penetración anal, quería que el me tomara por allí de una buena vez, asi que él tomó su verga y me la dejó ir en mi recto, sentí que me desgarraban los musculos de mi culito, grité y gemí, pero Roberto no dejó de empujarla hasta que la sentí toda adentro, al principio era un dolor fuerte, pero diferente a cualquiera que hubiera sentido antes. El espero un rato a que se me quitara un poco el dolor, talvez la cremita gel era anestésica, porque a los pocos segundos se acabó el dolor, luego me empezó a bombear como lo habia hecho con mi puchita, fuerte y profundo. Yo sentía que su verga me partía en dos, pero por los gemidos de él, sabía que la estaba pasando muy bien con su pene en mi recto. Hasta ahora entendí el placer que sienten las personas gay.



Lo oi gemir y gritar fuerte y de forma continua, a los pocos minutos se estaba viniendo, un liquido pastoso invadio mi culito, era su esperma que se regaba dentro de mi recto. No la sacó hasta que me echó hasta la última gota, luego la sacó y un pequeño chorrito de su semen salió de mi culito y cayó al suelo de la clinica. Luego Roberto se sentó en una de sus sillas, estaba desnudo, sudado y cansado, yo me quedé recostada de pie sobre la camilla. Había sido definitivamente el mejor polvo de mi corta vida.



Esa fue solo la primera vez. De allí lo repetíamos cada semana, yo llegaba a su clinica y me follaba a placer por una hora o un poco más. Yo le mamaba su vergta mientras el me comía la puchita, luego fornicabamos con pasión desmedida. Asi estuvimos como dos meses, luego en un día en ausencia de mi tía me cogió en la casa y en su propia cama. Lo cual se ha repetido varias veces. Me volví la amante del esposo de mi tía, me hace tan bien el amor que me he vuelto su esclava sexual. No quiero ni pensar que mi tía puede darse cuenta de esto y se volverá un infierno. El me inyecta cada tres meses para no resultar embarazada. He decidido irme de esa casa y regresar con mis padres, si el siente algo por mi de verdad me seguirá, sino solo fue sexo.





 


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