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Yo Sola
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Enviado por Anonimo - 1572 lecturas |
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Una escritora... y su libro: ... En cuanto lei cinco parrafos, note que mi sexo empezaba a humedecerse, sabia que si seguia leyendo, pronto no me quedaria otro remedio que masturbarme ... Era un jueves por la mañana. Me sente delante del ordenador dispuesta a seguir escribiendo el libro que le habia prometido a mi editor hacia tres meses escasos. Debia tenerlo terminado dentro de otros tres meses, y mi ritmo, mas o menos diario, hacia que el libro estuviera ya cerca del final.
Todavia no tenia pensado el titulo. No sabia si llamarlo 'La corte del Rey Arturo' o 'El Conde y su Sequito'. El caso es que estaba dispuesta a terminarlo cuanto antes, y asi cobrar una pequeña prima que tenia por rapidez. Estaba segura de que el calentorro de mi editor le pondria un titulo acorde con el contenido de mi novela.
A media mañana, el hambre me levanto de mi asiento, dirigiendome a la cocina. Cogi una manzana y empeze a comermela pensando en lo que escribia. Tenia en la mente la imagen de mi apuesto protagonista, tumbado sobre la espalda de una doncella cortesana de su castillo, follandola lentamente por su estrecho culito. Venia con precision increible, como hacia fuerza con sus riñones hacia abajo, proporcionando a la joven una penetracion larga y poderosa. Y aquella imagen empezaba a proporcionarme una pequeña excitacion. Normalmente no solia excitarme con lo que escribia, o por lo menos con lo que escribia normalmente.
Me dirigi delante del ordenador, y retrocediendo hacia atras, pude ver que habia escrito doce paginas. Aquello me lleno de orgullo, pues era mas de lo que solia escribir a diario. Quiza por eso ahora estaba mas excitada de lo normal.
Me sente delante del teclado, deje la manzana y me quede pensativa mirando la pantalla. Mire las letras detenidamente, y lei despacio lo que habia escrito.
En cuanto lei cinco parrafos, note que mi sexo empezaba a humedecerse, sabia que si seguia leyendo, pronto no me quedaria otro remedio que masturbarme.
Y segui leyendo ... 'la joven cortesana seguia su trabajo con la polla del Conde. La chupaba desde la base, la apretaba, y continuaba ascenciendo hasta llegar a la punta, en la cual se recreaba en el enorme y colorado glande que coronaba aquella polla. Mientras, el Archiduque, estaba gozando de su caliente y dulce coñito.' ...
Ahora si que estaba excitaba. Sabia que mis braguitas estarian algo manchadas tras leer lo que habia escrito. Me recline hacia atras y desabroche el boton de los vaqueros. Introduje mi mano derecha lentamente. Primero pase por mi vulva, perfectamente depilada, y continue hundiendola hasta llegar a la apertura de mi sexo. Pase los dedos y note la humedad. Introduje ligeramente las yemas de mis dedos y los pringue de mis jugos. Saque la mano y los oli. Olian a sexo. Frote los dedos hasta hacer que la humedad desapareciese e introduje de nuevo la mano en los pantalones.
Ahora meti los dedos mas hacia dentro, y me recree en la sensacion de mis jugos en mis dedos. Intente meter la otra mano pero no podia. Me desnude.
Ahora podia admirar a la perfeccion mi cuerpo desnudo, pero me concentre en mi vulva. Lleve ambas manos a mi coño, y flaqueando a mi clitorix, lo masajee lenta y intensamente. Mi respiracion se convirtio en entrecortada, y la mantenia mucho tiempo. Ya no tenia la imagen de mi libro en la cabeza, ahora era yo y mi placer.
Con la mano derecha me frote todo mi sexo, de arriba a abajo, y con la otra mano comenze un frotamiento en mis pechos. Al principio los apretaba rudamente, intentando buscar un placer mas salvaje, pero pronto preferi encontrar un placer mas sutil, y probablemente mas gozoso. Me frotaba los pezones delicadamente, y cada roze, sentia su dureza crecer.
La humedad de mi coño se me extendio por toda la palma de la mano. Me habia pringado de mi misma. Me penetre con dos dedos e intente llegar a lo mas hondo. Me frote la parte interior de mi sexo intensamente, lo que me hizo gozar mas de aquella masturbacion. Ahora evitaba tocarme el clitorix, pues mi excitacion hacia que pronto llegara al orgasmo. Momento que intentaba evitar y que busquaba intensa y paradojicamente.
Empezaba a notar como mis jugos resbalaban de mi coño cuando supe que era el momento de llegar al orgasmo. Pero deseaba que fuera algo mas de lo que era normalmente. Asique comenze a leer en un punto aleatorio de mi libro.
'La sirvienta estaba a cuatro patas sobre el suelo de uno de los salones del castillo, limpiandolo. Cuando entro el Conde y admiro su trasero en pompa, ofreciendoselo dulze y meloso, meneandolo excitante y deseando ser follado lenta y armoniosamente. El pobre Conde no pudo mas que excitarse tras aquel pensamiento, y su enorme polla se abulto bajo sus ropajes.
Se acerco por detras a la sirvienta y le poso una mano en su duro trasero. Esta, al principio se asusto, pero al ver que era el Conde con su enorme polla tiesa, supo que ivan a follar.
Se tumbo en el suelo y abrio las piernas. El Conde se puso de rodillas y, una a una, fue levantando las diversas prendas que la cubrian las piernas. Hasta que por fin, encontro su dulze y calido coñito.
Aquella vision hizo que su polla resistiera una presion indescriptible, al estar todavia en el interior de sus ropajes. Por lo que el Conde la libero. Pero todavia no deseaba degustar aquel pedazo de cielo, que era aquel coño, sino que preferia que su polla fuese chupada. Por lo que se puso de rodillas sobre ella, de forma que pudiera lamerla a gusto.
La sirvienta no le hizo ascos a tan dulce manjar, y sin mencionarlo siquiera, se introdujo el enorme miembro con el que estaba dotado el Conde, enterito en la boca. Tardo un poco en acomodar tan honorable huested en su boca, pero cuando lo hubo conseguido, la mamada torno carices de soberbia.
El pobre Conde estaba en extasis. La chupada que le estaba aplicando de forma tan minuciosa, le estaba llevando a cotas de gozo innalcanzables para el antes, ¡que digo innalcanzables!, ¡innimaginables!. Sentia su miembro hinchado y gigantesco, humedo por la saliva de su amante, y cuando bajaba la mirada y veia lo que estaba haciendo la sirvienta con su querida polla, creia que no podria aguantar mas el codiciado y dulze placer del orgasmo.
Ya no podia mas. Tuvo que sacar su polla de la boca de su sirvienta, pues si pasaba su lengua sobre la polla una vez mas, estallaria de gozo, y antes deseaba sentir sobre su polla la calida y orgasmica humedad de aquel coño. Se separo y se puso de pies.
Admiro el cuerpo de su sirvienta una vez mas. Tenia toda la parte inferior del vestido levantada hacia arriba, dejando al aire su delicado vello pubico, un pecho se le habia salido, en la pasion de la mamada, por el escote y miraba, respirando profundamente, el miembro del Conde. Bajo su mirada y se admiro su polla. Estaba enorme, y salia amenazante de entre sus ropas.
Se coloco entre las piernas de la futuramente follada, y lentamente, se deslizo sobre ella, sin penetrarla. Una vez encontrada la posicion mas comoda sobre ella, la hizo una señal con la cabeza. Esta bajo sus brazos y cogio la polla con ambas manos y, delicadamente, condujo la punta del miembro hacia la abertura de su coño. Cuando el Conde sintio sobre su glande la delicadeza de aquel coño, presiono para que entrara hasta el fondo su enorme polla.
Se paro y disfruto de la sensacion de tener toda su polla llenando aquel humedo coño. Al poco empezo su movimiento ritmico de caderas, lo que le proporcionaba el placer increible de sentir su polla entrar y salir. Notaba en cada centimetro de su miembro el escurrir de la humedad de su sirvienta, como aquella sensacion se apoderaba de el y como se agolpaba en su cabeza mientras los herguidos senos de ella se le clavaban en el pecho.
La sirvienta tenia un gesto de placer en la cara, pero sin embargo no emitia sonidos detonantes de su gozo. Esto era debido a que muy frecuentemente, mantenia este tipo de relaciones, relativamente cerca de las esposas de sus amantes. Aun asi, estaba gozando como nunca de aquella lenta follada. Como la polla, humeda de su saliva, resbalaba maravillosamente en su interior.
El Conde noto como pequeñas cuentas de sudor empezaban a formarse en sus sienes. La enorme cantidad de placer que llenaba su cuerpo hacia que el reprimir su inreprimible orgasmo, le costara muchisimo mas esfuerzo de lo que le habia costado nunca. Aquel orgasmo le estaba haciendo sufrir como nunca recordaba.
El Conde saco su polla al fin. Se quedo espectante de ella, esforzandose cuanto podia en guardar su orgasmo. Sin embargo su gozo estaba siendo tal, que temia correrse en aquel momento. Apreto los ojos y los dientes, e intento llenar su cabeza de alguna idea agena a lo que estaba haciendo. Sin resultado. Queria esperar un poco a que se le bajase la excitacion, para empezar de nuevo, pero no hacia mas que pensar en el orgasmo, en el placer de la eyaculacion, en la enorme corrida que le esperaba.
Sin poder evitarlo, su mano se lanzo fugaz contra su polla, la agarro y estiro del prepucio hacia atras. Esto hizo que el orgasmo por fin estallase en sus huevos. Un chorro de blanco esperma salio disparado, cayendo sobre el pubis de la doncella, pringandola del delicioso nectar del extasis.
Esta se llevo su mano a su clitorix y lo agito, buscando el orgasmo. El cual le llego pronto mientras su mano y su sexo seguian siendo balladas por tan divino jugo. El conde ahora se agito su polla mas lentamente, haciendo que todo el semen saliese del interior de su polla, alargando el placer. Unas punzadas le clavaron los huevos, haciendole mas evidente que habia tenido un orgasmo extrasensorial.
El Conde, sin aire, se tumbo al lado de la sirvienta. Esta siguio frotandose su pubis, mezclando el esperma con su vello, y gozando de esa sensacion. Levanto la cabeza y se miro la maraña de pelo y blanca lefa. Miro el miembro del Conde, doblado hacia un lado, chorreante, y casi sin vida. Se inclino sobre el Conde, y le beso.'
Ahora yo tambien gozaba de los restos de mi orgasmo. Me pringue todos los dedos, me frote de todas las maneras y formas posibles, y ello me llevo a tener una corrida impresionante. Nunca me habia masturbado leyendo mis propios relatos porno. Cuando lo hacia siempre los recordaba, pero nunca delante de uno.
Me levante y me duche.
Nota: Autor: Anonimo
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| Viernes, 31 Diciembre, 2004 |
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