Todo empezó en una noche de verano. Por aquel entonces vivía en Madrid, dirigía la mejor discoteca de la capital y era socio mayoritario de la misma. Todos los fines de semana me preparaba, me vestía con mis mejores trapos como se suele decir, abría mi gran vestidor y elegía lo que ese día me haría sentir bien, seductor para las decenas de mujeres que acudirían al local y muchas de las cuales se pondrían a mis píes, era el Rey de la noche. Eso pensaba yo por aquel entonces.