Hace once años tuve un verano muy interesante, que aunque era muy niño, ahora a mis 18 años sigo recordándolo como si de ayer estuviera escribiendo. Yo lo veo como el inicio del morbo sexual que asecha a los niños de diez años, que es la edad en la que mas o menos empezamos a curiosear con el amor y sobretodo, la consecuencia de éste; el sexo. Por mi parte, debido a situaciones narradas a continuación, ese suceso llego tres años antes de lo esperado.