Aún faltaba mucho para que el sol, huyendo de las regiones donde estaba encerrado, disipara con su potente luz la oscuridad de la madrugada del solsticio de verano, cuando Nadica se despertó. Se levantó del lecho resueltamente y no tardó mucho en embadurnarse el cuerpo con grasa mezclada con pigmento rojo.
Continuando con mi relato, y como decía en la primera parte, los juegos amorosos continuaron con mucha intensidad, cada vez que teníamos la oportunidad nos devorábamos la una a la otra hasta quedar completamente rendidas.