Suelo andar desnuda en mi casa, o al menos sin ropa interior.
Nuestro perro Dago, un ovejero alemán de dos años, se hizo costumbre meter el hocico bajo mi falda y oler o lamer mi vagina.
Mi primera vez fue el día de mi cumpleaños. Mi pareja Esteban me preparó una pequeña fiesta, modesta porque somos de pocos recursos, con amigos y amigas.