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LUJURIA PASIÓN Y SEXO III

Publicado por kndnt el 08 de Nov, 2018
revisado por: SexoSinTabues Relatos Eroticos


De pronto, me pareció escuchar unos golpes huecos, como raspados en la puerta que daba patio. Inquieta y alarmada, saque el miembro de mi boca, viendo como al quedarse al aire, de la punta pendía un hilito de viscoso presemen

Jamás imagine que la soledad y la convivencia diaria con la mascota de mi padre, habría de encariñe con él, pasábamos muchos ratos a solas, lo llevaba a pasear cada día, siempre jugando y retozando, como todo protector, no solo del hogar, sino como el macho que cuida su territorio.
Con todo lo que había pasado con cazador comencé a interesarme por la sexualidad del animal.

Esa gran necesidad sexual fue llenando mi cabeza de fantasías, que al principio me parecieron extravagantes, como una transgresión de los dogmas y caminos que me habían enseñado mi corta vida.
Poco tiempo paso hasta que la tentación se apodero de mis aprensiones y caí en el pozo de un profundo y morboso deseo.
Lo que eran cuidados exquisitos de mi protegido canino, se tornó primero en un vínculo libidinoso, secreto y furtivo, para más tarde llegar a ser un juego excitante de lujuria contenida.

Aprovechaba nuestros momentos de soledad y me entregaba a las prácticas sexuales con cazador; llegamos a realizar todos los actos que se pueden hacer entre un macho y una hembra, sin forzar la voluntad de ninguno de los dos, todo sucedió sin abuso, fruto del apego y la excitación que nos producíamos.
Ello, nos abrió un mundo sensual distinto, donde yo recorría caminos de extraordinaria voluptuosidad, disfrutando de nuevas sensaciones de placer hasta entonces desconocidas para mí.
Para ese entonces mi hermano había salido de vacaciones y mis prácticas copulativas tenían que esperar.
Ya desde el primer día, Joel estuvo muy solicito y acogedor conmigo, me trataba con un afecto posesivo muy declarado, en sus gestos y en su mirada.
Como todo vacacionista me invito a dar la vuelta, y no porque no conociera sino para salir de la rutina, me llevo a ver algunos lugares de interés.

Cerca del mediodía, decidimos almorzar en una fondita.
Luego de la comida, tuvimos una cálida sobremesa, en la que me propuso olvidarnos de los atractivos turísticos, dedicarnos la tarde a nosotros mismos, ir a alguna sala de baile y después regresar a casa para cenar, le dije que era buena idea pero mi hijo representaba un impedimento para ir a bailar así que decidimos regresar a casa.
Durante la cena, nuestras miradas se encontraban atraídas por una tensa lujuria.
Al introducir los trozos de carne y la fruta en nuestras bocas, anticipábamos en un gesto de deleite sexual en nuestros labios, con intención y parsimonia.
Una vez dimos cuenta de la sabrosa carne y demás agregados junto con una cerveza bien fría, comenzamos a notar cierto efecto euforizante, que aun completamos con una copa de whisky.

Joel saco una cinta de video del aparador, la inserto en la videocasetera, encendió la TV y me indico que nos sentáramos en el sofá, quiero que veas esto, me anuncio, mientras se sentaba a mi lado.
Pero ¿de qué se trata? Inquirí intrigada.
Te gustara, seguro que te hará revivir buenos momentos.
Me contesto evasivo.
En cosa de segundos se disiparon mis dudas; se trataba de una serie de escenas donde un perro gran danés era sometido a toda clase de tocamientos por dos chicas desnudas, una rubia y otra mulata.

Se alternaban masturbando al perro y haciéndole tímidas felaciones, hasta que el pene del animal salió de su funda y alcanzo un tamaño impresionante.
Seguidamente, una de las mujeres, la rubia, se ponía a cuatro y con la ayuda de la otra el gran danés la montaba con soltura y eficacia.
La penetración se produjo sin problemas, el animal al sentir el tacto blando y cálido de la vulva, se apuntalo contra sus nalgas y le endoso un puyazo que le enterró todo su sexo dentro de la concha.
Se puso como loco al sentir su pija enfundada en carne caliente y comenzó a culear vertiginosamente a su hembra.

La visión de aquellas secuencias era algo demasiado incitante para mí, me sentía enajenada, después de la tarde, el efecto de la carne y la bebida y ahora lo que estábamos viendo era una mezcla tan explosiva que me desbordaba.
Mi hermano, sentado junto a mí, observaba emocionado lo que estaba pasando en la pantalla, los dos en silencio tragando saliva y con las pulsaciones descontroladas.
Fíjate, Scoly, le ha metido hasta el ¡bulbo! Comento mi hermano extasiado.
Yo asentí, sin decir palabra, para disimular mi exaltación.
A esas alturas notaba una clara sensación de humedad en mi sexo.
El noto mi estado de ánimo y pensó que había llegado el momento de rematar el trabajo.
Me clavo una intensa mirada que abrasaba mi piel, produciéndome un ligero escalofrió.

Ya no estaba flotando en una fantasía, no, estaba sumida en una atmosfera de morbo y desenfreno, abocada a vivir una gran dosis de locura.
Para mí era una situación incitante, prometedora de que íbamos a salirnos del camino, desbordados por la inevitable e intensa estimulación del sexo, provocada por las tórridas imágenes de la cinta.

El, aparto su atención de lo que sucedía en la película, se inclinó sobre mí y me puso el brazo por encima de los hombros, mientras comenzaba a besarme el cuello y a chuparme los lóbulos de las orejas.
Como un macho salido, incontenible, exhalaba su aliento lascivo sobre mi piel y su mano libre amasaba mis pechos por encima del vestido, se introducía en mi canalillo intentando modelar el contorno de los senos con sus dedos.
Oye Joel ¿qué haces? ¿No vemos la película? ¡Porfa! No me dejo terminar la frase y con una mano amordazo mi boca.
Antes de que intentara pararle y averiguar adonde íbamos a llegar, sin hacer caso de mis débiles reparos, se abalanzo sobre mí, me derribo sobre el sofá y se me vino encima, sujetándome por los brazos y estampándome un beso en la boca, atornillado, incuestionable, con su lengua profusa y ardiente, al que correspondí con pasión.
Me tomo una mano y la llevo encima de su paquete, me hizo comprobar con tacto anhelante la declarada erección que cubrían sus pantalones.
El duro tallo entre mis dedos estrujándolo con decisión y firme presión.

Esto termino por desintegrar la escasa resistencia que me quedaba, más mental que otra cosa.
Ya no pude distinguir si me entregue o me tomo, pero en un santiamén nos encontrábamos los dos desnudos sobre el sofá.

No Joel, nuestro padre puede llegar, nos va a descubrir, tu sobrino puede despertar Joel, pero no hizo caso a mis palabras, como un lobo hambriento bajaba por mi cuello y hombros con besos lujuriosos hasta mis pechos desnudos y me susurraba algo ininteligible.
Chupaba mis pezones, uno tras otro, largos y duros, succionándolos en su boca y procurando abarcar entre sus labios mis tensos pechos.
Luego bajo una mano hasta mi pulcro monte de Venus, masajeándolo con la palma, gozando de su suave tacto, hasta que sus dedos descendieron aún más siguiendo la silueta de mis labios y cubrir con la mano mí húmedo coño.

Al mismo tiempo se arrimaba a mi cuerpo y me dejaba notar como su verga tiesa y candente apuntillaba mi costado.
Nuestros cuerpos de piel caliente extendían las zonas de contacto de arriba abajo, estábamos revueltos como una sola figura, el seguía ahogando mis suspiros con mordiscos en los labios y susurros obscenos.

La película seguía reproduciendo su carrusel de imágenes, ignorada completamente por nosotros.
Después de acariciarnos con ansia, su mano prosiguió el masaje lento y circular sobre mi vulva, con el dedo corazón hundido a medias entre los labios verticales.
Después, mi hermano hizo una maniobra, se inclinó sobre mi bajo vientre y me dejo sentir el puñal de su lengua, caliente y furiosa hurgando en mi coño.
Lentamente, había bajado presionando con la barbilla, los dientes, con la lengua, con los labios, recreándose en los puntos que me hacían estremecer.
Yo me movía rendida, a su ritmo, ondulando las caderas.

Después se inclinó y abriéndome la panochita con los dedos, como si fuera una flor, lamio su interior de abajo a arriba con la punta de la lengua.
Tuve que tensar las piernas, suspirando con un sonido silbante y hondo.
Me saboreaba con devoción y ternura, y me dijo que mi coño sabia delicioso.

Al verme tan febril y entregada, se apartó y se quedó parado junto a mí, para mostrarme su grueso pene erecto y oscilante, invitándome a disfrutarlo; lo tome tímidamente en mi mano, estaba enrojecido, casi lívido.
Lo exprimí con mimo, sorprendida de como seguía creciendo igual que si tuviera vida propia.
Los dos estábamos abrasados, extasiados, el gruñía cerca del paroxismo.
Al acercar mi cara a su miembro, este se empino apuntando a mi boca, lo jale con mis labios, lo succione, y trague adentro tanteando el tamaño de su glande dentro de mi boca y picoteándolo con la punta de la lengua.

Se inflaba tanto que me ocupaba toda, apenas me dejaba respirar, lo tuve que sacar y mantenerlo duro con una serie de lamidas rápidas por todo el tronco, hasta llegar a sus huevos, repletos, que parecen hervir por dentro, los acogí entre mis labios mordisqueándolos suavemente.

Mi excitación iba en aumento, seguí con su verga, me la engullí hasta la garganta e instintivamente el empezó a mover su pelvis como cogiéndome por la boca.
Su capullo estaba ya como un hierro candente, se notaba muy jugoso.
¡Sigue, hermanita!, sigue Exclamaba.
De pronto, me pareció escuchar unos golpes huecos, como raspados en la puerta que daba patio.
Inquieta y alarmada, saque el miembro de mi boca, viendo como al quedarse al aire, de la punta pendía un hilito de viscoso presemen.
Mi boca, ya liberada, se había quedado irritada, probablemente estaría enrojecida alrededor de los labios.
Con gran asombro, le pregunte que podía ser un ladrón o mi padre.
No te preocupes, Scoly, voy a ver.

Mi hermano fue hasta la puerta, mientras yo quede sentada en el sofá con toda mi desnudez a la vista.
Oí como abría la puerta, y hablaba con alguien en un tono afectivo.
Sentí una ola de duda e incertidumbre ¿quién podía ser? ¿Qué estaba pasando? Después de las voces de mi hermano, llegaron hasta mí una especie de aullidos muy agudos, atenuados por las voces del hombre.
Solo tarde unos segundos en salir de dudas, porque apareció enseguida llevando a cazador.

Mira, hermanita, es la mascota, el perro de papá.
El perro nos miraba con aire sorprendido, quizás por la presencia de mi hermano, o por vernos a los dos completamente desnudos.
Ohh! Pero, no creerás que voy a coger ahora con e, musite totalmente confundida.
Tú déjalo hacer y ya verás cómo te gusta.
Insistió mi hermano.
No me dio tiempo a pensar si aquello era una picara encerrona.
No tenía además otra opción.

Los rescoldos de nuestra reciente refriega aun permanecían en mis zonas cálidas y de allí emanaba un olor de feromonas femeninas que no pasó desapercibido para el perro.
Mientras le estuve acariciando el cuello y la cabeza se fue inclinando entre mis piernas abiertas y puso su olfato junto a mi pubis.
Primero note los dos chorritos de aire caliente que me devolvía su nariz, después se volteo mirando a mi hermano y volvió junto a mi levantando las dos patas delanteras como queriendo retozar conmigo.
Conforme estaba sentada, de mi concha febril fluía mi humedad, lo cual hizo que cazador volviera a la carga de su olfateo y buscara el origen del manantial, empujando su hocico contra mis labios.
Había desenfundado parte de su lengua ancha y blanda y la estaba aplicando a mi anegado coño, dándome unas lamidas insistentes, irresistibles, le había gustado el saborcito de mis jugos y cada vez la movía con más rapidez y destreza.
Le tome por la cabeza, sujetándola con instinto lascivo entre mis piernas abiertas.

La tensión que sentía en mi cuerpo me hizo inclinarme hacia atrás y estirar mis piernas sobre el suelo.
Mi hermano ya recobrada su excitación, comenzó a besarme las tetas, un placer increíble invadía mi sexo, nos besamos en la boca con un interminable cruce de lenguas, uniéndose en una sola corriente de lujuria, después dejaba mi boca para volver a mis pechos, haciéndome gemir de gusto infinito.
Me sentía entre dos fuegos, el hombre por arriba y cazador abajo con su habilidosa lengua, merodeando por mi clítoris.

Yo entregada al completo, sentía los latidos de mis pulsaciones a más de ciento y pico, mi respiración fatigosa, se mezclaba con apagados gemidos de placer.
Fue ver a mi hermano sobre el sofá, arrodillado junto a mí, con su verga erguida, incitante, y no pude reprimir mi deseo de agarrarla con mi mano derecha, la sostengo, lo masturbo brevemente, terminando por introducirme su capullo en la boca y mamarlo con fruición, casi vorazmente hasta que la verga se le torno engrasada.
El, alternaba entretanto, los tocamientos, con ardorosas succiones en mis pezones, me besuqueaba como si quisiera aspirarme a través de cada uno de los poros de mi piel.

Estaba tan en su punto que se olvidó del pobre can, se sentó en el sofá, con la verga apuntando al techo, me tomo por la cintura y me sentó sobre el, de espaldas, con su mástil clavándose por completo en mi lubricada almeja.
Era una acometida cuerpo a cuerpo con el hombre, mientras el perro se apartó desconcertado, viendo como me perforaba, sujetándome por los pechos, agarrándome también por las caderas para darle su propio ritmo a mi galope sobre su sexo.
Yo me movía sensualmente encima de sus piernas, con la boca semiabierta como si me faltara aire para respirar.
Me pedía que acelerase mis movimientos, para sentir más las paredes de mi coño.
Al aumentar la intensidad de mis movimientos sobre su verga, me fui precipitando en el pozo del éxtasis, de tal manera, que no se hizo esperar un primer orgasmo delicioso.

Todo aquel estruendo obsceno componía una figura alucinante, que se rompió al bajar de las rodillas de mi hermano, y sentarme a su lado, ya algo más calmada.
Yo influida por una atmosfera tan cachonda, alargue mi mano hacia la funda genital de cazador, y comencé a masajearla suavemente, provocando que a los pocos segundos asomara buena parte de su pija encarnada, goteando su líquido.
En esos momentos, era tal mi calentura que no podía resistir más sin tener bien rellenos
mis huecos erógenos.

El perro volvía a explorar el interior de mis muslos, la ingle, elevando sus patas delanteras sobre mis rodillas, buscando donde alojar su verga crecida, empinada en el aire, hasta que Joel viendo que el perro no paraba de mover sus caderas, me pidió que me colocara de rodillas sobre una almohada, en el suelo, permaneciendo el sentado en el sofá, para que yo apoyara mi cabeza sobre su entrepierna.

Mi vulva se debió quedar completamente expuesta desde atrás, ya que puse la cola lo más arriba posible, con las piernas bien abiertas.
En ese momento, cazador sabía que tenía que trabajar y me monto, los primeros embistes pegaron con mis muslos, nalgas pero cuando ubico la punta entre mis labios y al sentir el contacto suave y cálido de mi sexo, comenzó una serie de furiosas embestidas y en una de ellas me envaino su miembro hasta el fondo.
Note que el animal se hundía en mis entrañas, copulándome frenéticamente, excitado por el dulce cobijo que había encontrado para su abultada y ardiente verga.
De un impulso, me penetro aún más, introduciendo en mi vagina su dilatado bulbo, a lo que yo reaccione con un gritito de dolor.
Pronto sentí que en su movimiento de mete y saca prodigioso, iba apretándose cada vez más contra mí.

Mi hermano preso de fuerte excitación tenía su verga nuevamente parada, gruesa y dura como a punto de correrse.
La tenía tan cerca de mi boca que no me costó nada sujetar su verga entre mis labios y prodigarle una intensa mamada, mientras cazador seguía bombeando tan rico.
De pronto, note unas convulsiones que me eran muy familiares, que sacudían el vientre de mi hermano hasta la punta de su verga y cuando quiso avisarme de que se corría, ya era tarde para evitar que su primera eyaculación inundara mi garganta con su leche.

Aaaachhs! Casi me asfixie al recibir el empuje de su verga inflada y el derramamiento inesperado de su lecha en mi boca.
Al sacar su pene, aun escupió, en sus últimos latidos, un borbotón de esperma sobre mi barbilla.

En eso se levantó Joel del sofá, quedándose parado junto a nosotros, que seguimos apareados cogiendo, encendidos y anhelantes.
Mi hermano se inclinaba curioso para comprobar como el perro, a base de empujar como un loco, había ingresado su bola en mi coño.
Yo ya la sentía, metida en el portal de mi vagina dándome infinito placer con sus latidos, cuando alcanzaba a rozar mi punto G.
En el momento, cazador se quedó quieto, dejo de mover sus caderas, y su verga entre gozosas convulsiones expulso unos chorretones intermitentes de esperma, que me inundaron hasta el mismo útero, arrancándome unos quejidos de gusto.
Otro orgasmo glorioso sacudió mi cuerpo con un estremecimiento.

El perro una vez terminada su copula, como novicio en estas batallas, intento extraer toda su verga hinchada aun, produciéndome tal dolor que tuve que retenerlo agarrado por las piernas para evitar un desgarro en mi tubo genital.
Mi hermano al ver la situación se fue a la cocina y vino con una bolsita de hielo para colocarla junto a los testículos del perro y acelerar la distensión del pene que se había quedado abotonado dentro de mi cuca.

El efecto fue casi inmediato y por fin se desprende todo su instrumento, produciendo un chasquido líquido, vertiendo un caudal de leche entre mis nalgas, mis muslos y el sofá.
Joel, con todo esto, se ha empalmado de nuevo y esta con la verga tiesa, pidiéndome que le calme.
Estoy loco por cogerte de nuevo, ¡Hermanita! Exclamo Joel.
¡Ay! Yo también te deseo, pero espera, porque cazador me ha dejado la conchita irritada.
Pues te pido tu culito.
Insistió el.

Sí, pero me llevas al baño y nos metemos en la tina.
Mira como me pusieron de esperma, entre los dos, no quiero que llegue papá y vea este reguero.
Como estaba en las últimas, solo consintió en tomar una ducha y llevarme seguidamente a la cama.
Nos desentendimos del perro, que se quedó tumbado sobre el suelo lamiéndose el sexo a modo de limpieza.
Los dos bajo el chorro refrescante del agua nos hemos lavado mutuamente, recorriéndonos con las manos deslizantes por el gel y la espuma por todos los valles y montes de nuestros cuerpos.

El atenazaba mis pechos, sorbía mis pezones, mientras yo le agarraba frenéticamente su verga y así era imposible que el agua calmara la implacable erección de mi hermano, punzando entre mis muslos e incrustándola entre mis nalgas mientras me abrazaba por detrás.
Con estas maniobras me había vuelto a provocar una súbita excitación.
Apenas tuvimos tiempo de secarnos, me tomo en sus brazos y me deposito en la cama muy cuidadosamente pues ahí estaba durmiendo mí príncipe.

Ahora, hermanita, te colocas como una perrita para mí.
Así podre lamerte y lubricarte.
Si, haz de mi lo que quieras.
Ahora soy ¡tuya! Sus manos suaves y expertas, junto con el agua tibia habían sido un sedante para mis mucosas, mi vulva descongestionada había recuperado su dilatación normal, la sentía accesible.

También mi colita, penetrada suavemente por sus dedos se notaba distendida.
Sentí una dichosa sensación según él iba restregando su pene en la puerta de mi cuca y en mi esfínter anal, como dudando donde introducirlo.
Yo me sentía limpia y relajada dispuesta a recibirle una vez más, sin saber porque puerta me entraría.
No tarde nada en salir de dudas, su glande hinchado y lubricado empujo en mi culito, se metió con cierta dificultad hasta la mitad del tronco, mientras con su mano me acariciaba en la zona del clítoris.
¡Cuidado! Espera un poco ¡asiii! Le guiaba yo entre gemidos ahogados de placer.

Humm! Ahora ya lo siento rico, puedes meterlo ¡todo! Una mezcla fortuita de sensaciones me invadió desde el sexo hasta la nuca.
Era un dolor con final placentero, mi trasero comenzó a ondear y presionar la verga de mi hermano que abrasado por el ansia de adentrarse en mí, se agitaba metiéndome los restantes centímetros que faltaban.
Aaa….
uuuuggg! ¡aaaaa….
uuugggg! -Suspiraba yo enardecida.
Toma, todo para ti.
Rugía Joel.
Huuuu… que bien me lo haces, respondía yo al bombeo rítmico, lento y firme que me prodigaba.
Mi hijo se movia por las sacudidas y embistes que me propinaba sobre la cama, o sabía si gemir o el sssshhhh para que no despertara, eso me ponía más caliente.

Con todo el miembro tieso dentro de mi ano, Joel me tomo por las caderas, me levanto, sentándose en la cama conmigo ensartada, abrazándome por detrás agarrado a mis pechos, haciendo que me retorciera de gusto, sentada a sus piernas.
En esta posición, mi chocho se mostraba medio abierto, inflamado e incitante a los ojos de cazador que seguía sentado contemplando nuestro festín.
A una voz de mi hermano, se acercó a nosotros y comenzó a lamerme la conchita con obediente regusto.
Aaahh! Aaaahh! Aaaaahh! Chillaba yo, fuertemente excitada.

En unos instantes me invadieron unos espasmos, estire las dos piernas, moví mis caderas y note como la gruesa herramienta de mi hermano abría mis glúteos, y descargo su liquido de amor dentro de mi tubo intestinal.
En ese instante, sentí como si me deshiciera por dentro y transportada a la gloria, al abismo de los sentidos, otro mundo.
Después, extrajo su pene de mi ano, y me quede sentada sobre sus rodillas abrazados con aflojo, exhaustos y cómodos, con mi cabeza inclinada sobre su hombro y el besando mis cabellos delicadamente.

Se había hecho tarde y nos dejamos llevar por la inercia de lo que acabábamos de experimentar, mecidos en la cuna del apego carnal que daba a esos instantes un sabor de bienestar y eternidad.
Renuncie a la confortable cama y me quede a dormir arrullada entre los brazos de mi hermano.
Entre la penumbra mi hermano me dijo: al parecer creo que cazador es buen montador, no ha perdido el tiempo y justo cuando le iba a contestar escuchamos el cerrar de la puerta, rápidamente mi hermano se metió debajo de la cama y me puse una bata y abrace a mi hijo, su voz de mi padre llamando al cazador ordenándole que se saliera, me voltee haciéndome la adormilada le dije que si ya había llegado, él se acercó y me dio un beso en la mejilla, me levante y fui a darle de cenar, sentía como el semen baja por mi recto que aún estaba abierto, me sujete bien la bata para que no viera mi desnudes.

¿Dónde está Joel? Pregunto y entre mi dije esta debajo de mi cama el muy cabron, solo conteste que de seguro estaba con sus amigos, en un momento pensé más bien con su nueva mejor amiga y amigo por supuesto, cazador.
Al poco tiempo os fuimos a nuestras habitaciones, cuando llegue a mi cuarto ya no estaba ahí mi hermano.



 

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Commentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores; y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
  • Posteado el
  • 08 de Nov de 2018 - 09:55 PM
excelente
sensual, morboso, bien escrito, en verdad muy bueno!!!
  • Posteado el
  • 09 de Nov de 2018 - 02:24 AM
excelente
Que narrativa y que morbo de leerlo,,muy caliente y perverso una combinación perfecta de incesto y zoofilia....felicidaes
  • Posteado el
  • 09 de Nov de 2018 - 03:01 AM
GRACIAS
QUE BUENO QUE LES GUSTE
  • Posteado el
  • 09 de Nov de 2018 - 04:39 AM
Muy buena historia
Scoly me bolviste a impresionar con tus historias estoy todo excitado con la verga parada.
Sige contando tus historias nos gustan.

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